miércoles, 23 de agosto de 2017

Morata en la prehistoria, primeros pobladores en el Valle del Bajo Tajuña (III)


Edad del-Hierro II: 400-150 a. C.

En este periodo los investigadores documentaron la existencia y la aparición en el Valle del Tajuña de poblados fortificados, tipo castro. Estos poblados, se localizaban en zonas en altura que permitían un control visual del valle y de las vías de acceso al mismo. La existencia de estos poblados denota, aparte de la consolidación de núcleos de población cada vez más estables, una época de inseguridad que los habitantes del valle afrontan con la construcción de sistemas defensivos amurallados.
López y Almagro, los investigadores que participaron en las prospecciones del valle, destacan que este tipo de asentamientos humanos y su disposición ya prefigura, salvo por la disposición de estos poblados en altura, la organización territorial actual, pues casi cada castro corresponde, aproximadamente, al territorio de los pueblos actuales, pues el emplazamiento de unos y otros está determinado por la forma longitudinal del valle y sus puntos de mayor anchura para mejor aprovechar los recursos ambientales. Se trataría por tanto, del origen de las actuales poblaciones, situadas también, como la mayoría de los poblados localizados correspondientes a esta época del Hierro II, en la margen derecha del río Tajuña y a media ladera, para evira las zonas de inundación de la vega.
Según Benito López en La Edad del Hierro II el Valle del Tajuña madrileño continúo con su dinámica interna casi sin alterarse, ocupada por una densidad de poblamiento no muy alta que vivía de explotar la zona de vega, tanto para pastos como para pequeños cultivos, ocupando en algunas ocasiones los mismos sitios que ya se habitaron en el Calcolítico y el Bronce, aunque en algunos casos se pasó a vivir en terrazas más bajas que las ocupadas en esos periodos.
Para el periodo de la Edad del Hierro II, los trabajos de prospección permitieron la localización de 24 sitios arqueológicos en todo el Valle del Tajuña madrileño, además de 8 hallazgos aislados. En el término municipal de Morata se documentaron varios asentamientos y hallazgos relacionados con este periodo. En la Fuente del Piojo se encontraron restos aislados de cerámicas a mano y a torno. Cerámica del mismo tipo, a mano y a torno asignadas a la Edad de Hierro II, también se localiza en el Camino de las Jarras.
En el paraje denominado Los Pilones, situado en el páramo, también se recuperaron materiales líticos (lascas de sílex) y varios fragmentos cerámicos elaborados a mano, vidriados y a torno
De mayor importancia por los hallazgos arqueológicos que se localizaron en este sitio es el yacimiento del Camino de los Arrieros, asignado cronológicamente a la Edad del Hierro II. Este yacimiento, de una extensión aproximada de 0,62 hectáreas, está ubicado en una terraza en la margen derecha del Tajuña, a 1 km del río y a 700 metros de una fuente. En los trabajos de prospección se recuperaron restos líticos (lascas, raederas, escotaduras, molederas de cuarcita y de granito, y tres posibles crisoles de fundición), varios fragmentos de cerámica lisa y a torno pintados y, por último, 11 fragmentos de hierro.
Relacionado con este asentamiento del Camino de los Arrieros los investigadores encontraron un segundo yacimiento en este entorno correspondiente también a la II Edad del Hierro aunque también pudo estar ya poblado en el Calcolítico y I Edad del Hierro. También esta situado en una terraza baja en la margen derecha del Tajuña a 1 km del rio y 500 metros de una fuente. Su extensión aproximada alcanza las 3 Ha.
En las prospecciones de este yacimiento se recuperaron restos líticos (lascas, escotaduras, denticulados, raederas y un fragmento de hacha pulimentada) y también varios fragmentos de restos cerámicos elaborados a mano y a torno, con distintos tipos de decoración.
Yacimientos amurallados en Morata
Balcón de Pilatos
Este yacimiento se encuentra en la margen izquierda del río Tajuña, a una distancia de 550 metros del cauce. Se trata de los restos de un poblado con ocupación desde el periodo Calcolítico hasta la II Edad del Hierro y, posteriormente, en el periodo romano y medieval. (Su localización en la margen izquierda supone una excepción, pues la mayoría de los asentamientos se situaban en la margen derecha del Tajuña, protegidos de los vientos del norte).
Su extensión aproximada es de 6,12 Ha. y en sus bordes externos se localizaron los restos de un muro o muralla de unos 10 metros de largo y un metro de anchura. Entre los materiales recuperados en las prospecciones destacan restos líticos (nódulos, lascas, perforadores, raederas, una punta de flecha con aletas y un pedúnculo de sílex) y abundantes fragmentos cerámicos realizados a mano y a torno con decoración lisa, impresa y estampillada.
El Castillejo (O Dehesa Carnicera)
Este yacimiento corresponde a un poblado asignado cronológicamente a la II Edad del Hierro, aunque en las prospecciones también se recuperaron materiales de la época medieval.
Restos de cerámica a torno recuperados en el yacimiento de El Castillejo (Fuente: Estudio territorial en el Valle del Tajuña, una aproximación arqueológica. José Enrique Benito López-Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2016)

 El yacimiento se localizó en la margen derecha del río Tajuña, situado a 1,1 km., en un espolón en altura desde el que se domina toda la vega del Tajuña. Se trata de un yacimiento de forma triangular, que ocupa una extensión de 0,7 Ha. En el mismo se apreciaron restos de una estructura de mampostería y sillería caliza, junto con lienzos de muralla de 1 metro de anchura. En la zona interior de lo que sería el recinto amurallado también se detectaron restos de muro de aproximadamente 0,50 metros de anchura que podrían corresponder a edificaciones interiores. En el recinto se recuperaron restos de cerámica con varios fragmentos a mano y a torno, tanto lisa como decorada.
En los dos casos (Balcón de Pilatos y El Castillejo, o también Dehesa Carnicera, pues de ambos modos se denomina en las publicaciones este enclave arqueológico) lo determinante de estos yacimientos localizados en Morata es que, según los investigadores y especialistas, se trata de poblamientos más estables y, a la vez, más importantes desde el punto de vista del número de sus habitantes. A diferencia de periodos históricos anteriores, estos poblados amurallados apuntan a organizaciones sociales más complejas y, según los especialistas, además de los casos detectados en la comarca de la Vega del Tajuña, también se han localizado en las vegas del Henares, Jarama y en las mesas de Ocaña y Chinchón.
Según Urbina en la Mesa de Ocaña y el Valle del Tajo estos recintos amurallados se levantaban en función de la existencia cercana de manantiales de agua, un relieve que permitiera la defensa con poco esfuerzo constructivo y la cercanía a asentamientos humanos anteriores.
Estas condiciones se cumplen en el caso de los dos yacimientos de poblados amurallados descubiertos en Morata, Balcón de Pilatos y El Castillejo o Dehesa Carnicera. Tal como se apuntaba al inicio del post, su localización, especialmente en el caso del segundo, significa un primer precedente de lo que sería el núcleo actual de Morata, desplazado eso sí unos cientos de metros a occidente pero con las mismas características: a la derecha de la ribera del Tajuña, próximo a varios manantiales de agua, a media ladera para defenderse de las inundaciones de la vega y protegido de los vientos del norte.
Sobre la aparición de estos poblados amurallados, Jorge de Torres Rodriguez, en su tesis doctoral, La tierra sin límites: territorio, sociedad e identidades en el valle medio del Tajo (S. IX-I a. C) apunta a que en un momento en torno al siglo IV a. C. aparecen signos de inestabilidad que empujan a una situación de inseguridad y conflictos armados, lo que habría obligado a los distintos grupos a defender sus poblados con la creación de sistemas defensivos consistentes en el levantamiento de estso recintos recintos amurallados.
Dionisio Urbina también se refirió a este tipo de poblamiento característico del valle medio del Tajo y sus afluentes en la II Edad del Hierro. Urbina citaba dos tipos de enclave: los situados en el llano y, en segundo lugar, los que se localizaban en relieves en alto y en pendiente, -como los localizados en Morata- preferentemente con forma de península o espolón, y defendidos por una muralla.
Por otra parte, Urbina también relaciona este tipo de poblados fortificados –de los que se han localizado al menos 8 de ellos en los valles del Tajo y el Tajuña- con la existencia en sus proximidades de cuevas excavadas en frentes de escarpe que cumplirían la función de graneros o, incluso, como lugar de refugio ante los ataques de grupos violentos. La presencia de estas cuevas artificiales que cita Urbina, (2002 a) también se cumple en el entorno de los yacimientos amurallados localizados en el término municipal de Morata correspondientes al periodo de la Edad del Hierro II con la existencia de las Cuevas del Fraile, un paraje morateño que analizaremos en la siguiente entrega del blog.


Fuentes y bibliografía:
  • Benito López, José Enrique. Estudio Territorial en el Valle del Tajuña (Madrid), una aproximación arqueológica. - Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2015.
  • Almagro Gorbea, M. y Benito, J. E. La prospección arqueológica del valle del Tajuña. Una experiencia teórico-práctica de estudio territorial en la Meseta. Complutum, 4. Madrid, 1993.
  • Rosa, R. de la y Almagro, M. Prospección arqueológica del Valle del Tajuña: Morata de Tajuña. Estudios de prehistoria y arqueología madrileñas. Madrid, 1991.
  • Catalogo de la exposición “El cerro de La Gavia: el Madrid que encontraron los Romanos”. Museo de San Isidro. 14 de junio-25 de septiembre de 2005. El Cerro de la Gavia y los recintos amurallados del Hierro II en el centro de la Península. Dionisio Urbina Martínez y Jorge Morín de Pablos.
  • Urbina, Dionisio. Cuevas artificiales del Hierro II en la cuenca media del Tajo. Estudios de prehistoria y arqueología madrileñas.
  • Urbina, Dionisio. Espacio y cultura material del Hierro II en la Mesa de Ocaña. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1997.
  • Torres Rodríguez, Jorge de. La tierra sin límites: territorio, sociedad e identidades en el valle medio del Tajo (S. IX-I a. C.). Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2012.

martes, 15 de agosto de 2017

Morata en la prehistoria, primeros pobladores en el Valle del Bajo Tajuña (II)


Calcolítico 2500-2200 a. C.

Los restos arqueológicos correspondientes a este periodo y su localización muestran la tendencia de los pobladores a asentarse en las laderas de los montes y fuera de las llanuras de inundación de la vega. En este momento histórico parece que se intensifica el proceso de colonización agrícola de las tierras del Bajo Tajuña, situación que se hará evidente y profunda a medida que avancen los periodos históricos: la vega y su entorno, en definitiva, se convierte en el espacio que ocuparán los pobladores de estas tierras hasta hoy mismo.
Para este periodo histórico se documentaron durante los trabajos de prospección 58 sitios arqueológicos en los seis municipios que formaron parte del proyecto. La mayoría de estos yacimientos, 46, se sitúan en las terrazas medias de las laderas del valle o en pequeñas mesetas desde las que era posible divisar la vega. Otros yacimientos, aunque en menor número, 6, se localizan en las terrazas próximas a la zonas de inundación y otros 6 en el borde del páramo o balcones.
Esta claro que, a diferencia de los periodos anteriores (Paleolítico, Neolítico), es en el Calcolítico cuando se detecta el aumento de ocupación humana en el Valle del Tajuña, especialmente en el Calcolítico medio, periodo al que se adscriben la mayor parte de los yacimientos localizados en los trabajos de prospección.
En Morata los yacimientos asignados a este periodo se localizaron en distintos parajes del término municipal, entre ellos el del Camino de los Arrieros y el Balcón de Pilatos (estos yacimientos, ocupados desde el Calcolítico también se asignan al periodo del Hierro II y llegan incluso hasta la Edad Media).
En las prospecciones también se localizó un poblado en Valdelahiguera (aunque no se apreciaron restos constructivos) en el que se recuperaron restos cerámicos (consistentes en cerámica mano lisa) y líticos (raspadores, lascas, láminas, buriles, raederas y tallas en sílex).
 
Restos del periodo Calcolítico encontrados en el paraje de Valdelahiguera. (Fuente:
Estudio Territorial en el Valle del Tajuña (Madrid), una aproximación arqueológica. José Enrique Benito López-Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2016)

Campaniforme 2200-1800 a. C.
Los yacimientos correspondientes a este periodo se sitúan generalmente sobre terrazas y laderas de la margen izquierda del río Tajuña, aunque algunos de ellos, 3 en concreto, se sitúan junto a la vega. En estos asentamientos se localizan los llamados fondos de cabaña en los que se han recuperado restos cerámicos, industria lítica, restos de minerales y puntas de flechas metálicas.
La cultura campaniforme se asocia a pequeñas comunidades agrícolas con conocimientos de las técnicas metalúrgicas.
El yacimiento adscrito a este periodo histórico que se localizó en Morata corresponde a un área de aproximadamente 2 hectáreas de extensión en el que se recuperó material lítico de sílex y, sobre todo, restos de cerámica del tipo campaniforme. Estos materiales se supone que pertenecieron a un poblado del que no se han conservado restos constructivos y que estuvo situado en la margen izquierda del río Tajuña a 400 metros del cauce.
Transición Calcolítico/Bronce
Del denominado periodo de transición Calcolítico/Bronce se documentaron 53 yacimientos o poblados, 4 de ellos en el borde del páramo, 1 en la vega y los 48 restantes en las laderas del Tajuña.
Bronce: 1800-650 a. C.
De todos los sitios arqueológicos asignados a la Edad del Bronce en su conjunto en la Vega del Bajo Tajuña ninguno de ellos se localizó en lo que actualmente es el término municipal de Morata, aunque esta ausencia de restos pertenecientes a este periodo puede deberse a cuestiones metodológicas los trabajos de prospección arqueológica que se desarrollaron en su momento. *
Para este periodo, en total se localizaron en los seis municipios que formaron parte del proyecto 157 sitios arqueológicos y 43 hallazgos aislados. La mayoría de estos yacimientos adscritos a la Edad del Bronce se sitúan en los municipios de Tielmes y Carabaña (89 entre ambos municipios). Se trata, en la mayoría de los casos de yacimientos situados en ladera y en mesetas altas defendibles y con vistas a la vega principal.
Según Benito López estos yacimientos se caracterizan por la aparición de nuevos tipos de cerámica y, por supuesto, por la metalurgia del bronce. Restos de estos materiales aparecen en los denominados fondos de cabaña.
Edad del Hierro
A-Hierro I: 650-400 A.C.
Los yacimientos correspondientes a este periodo se localizan sobre terrazas y laderas bajas próximas a la llanura de inundación de la vega. Para este periodo no se han localizado prácticamente yacimientos en los páramos y zonas altas del territorio prospectado. En el caso de Morata, a este periodo se adscriben 11 sitios arqueológicos detectados en los trabajos de prospección, así como un hallazgo aislado.
A diferencia de periodos anteriores en Hierro I (y también en Hierro II), se percibe un descenso en el número de poblados documentados en las prospecciones y a la vez un aumento en el tamaño de estos asentamientos, más numerosos en las zonas de vega más ancha y, por lo tanto, con mayor potencial agrícola. También hay que destacar la presencia de asentamientos justo en el borde de la vega, muy próximos a las zonas inundables.
Este periodo, que cronológicamente transcurre entre los siglos VII y IV a. C., se caracteriza por la aparición de innovaciones tecnológicas como el arado y el carro y también por construcción de casas rectangulares frente a las cabañas circulares asociadas a etapas históricas anteriores. En la cerámica de este periódico los colores más utilizados son el rojo y el amarillo.
Según José Enrique Benito López el número de yacimientos que se documentan en este periodo histórico se caracterizan por un lento y paralelo desarrollo de la población del Valle del Tajuña a partir de estos momentos y hasta la conquista romana.
En el conjunto del Valle del Tajuña se localizaron durante las prospecciones arqueológicas 10 asentamientos, lo que indica un nivel mayor de concentración de la población y que los poblados familiares, característicos de periodos anteriores, son sustituidos por núcleos de población más numerosos y que perduran más en el tiempo.
Perteneciente al periodo del Hierro I en Morata se localizó un asentamiento situado en una terraza próxima a la vega, lo que corrobora la tendencia general que se detecta para este periodo histórico de que los pobladores vivan más cerca del río. Este asentamiento se localiza en el Camino de los Arrieros, en una terraza baja de la margen derecha del río Tajuña (aproximadamente a 1 km. del cauce) y a 500 metros de una fuente de agua. Este sitio arqueológico tiene unas 3 Ha. de superficie y puede estar relacionado con otro asentamiento situado en el mismo entorno y correspondiente al siguiente periodo histórico (Hierro II).
En este yacimiento se recuperaron durante las prospecciones lascas, raederas y otros materiales de sílex, junto a fragmentos de cerámica lisos y decorados y también restos cerámicos elaborados con torno.

* En la tesis de José Enrique Benito López se señala que el término de Morata de Tajuña fue prospectado por otro equipo diferente al del Proyecto Tajuña, no utilizando una metodología tan específica como la nuestra ni recogiendo datos tan precisos como los recogidos por el Proyecto Tajuña.



Fuentes y bibliografía:
  • Estudio Territorial en el Valle del Tajuña (Madrid), una aproximación arqueológica. José Enrique Benito López-Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2016.
  • Almagro Gorbea, M. y Benito, J. E. (1993): La prospección arqueológica del valle del Tajuña. Una experiencia teórico-práctica de estudio territorial en la Meseta. Complutum, 4.
  • Rosa, R. de la y Almagro, M. (1991). Prospección arqueológica del Valle del Tajuña: Morata de Tajuña. Estudios de prehistoria y arqueología madrileñas.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Morata en la prehistoria (I)


Morata en la prehistoria, primeros pobladores en el Valle del Bajo Tajuña
¿Cuándo se produjeron los primeros asentamientos humanos en la ribera del Tajuña? ¿Qué zonas eran las elegidas por estos primeros habitantes de la comarca para instalar sus poblados? ¿Qué vestigios nos han quedado de estos periodos de la prehistoria? En las próximas semanas vamos a intentar dar respuesta a estas preguntas y a conocer a estos primeros pobladores de Morata y de la comarca del Bajo Tajuña.


La presencia humana en el entorno de lo que hoy es el territorio que ocupa Morata y el resto de los municipios del Bajo Tajuña se documenta, sistemáticamente, a partir de los trabajos arqueológicos realizados en los últimos años del pasado siglo por el departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid.
Este proyecto, que se desarrolló en los municipios de Ambite, Orusco, Carabaña, Tielmes, Perales de Tajuña y Morata de Tajuña, consistió en una prospección arqueológica intensiva de superficie, con cobertura total del terreno, según se señala en el trabajo Prospección Arqueológica del Valle del Tajuña-Una experiencia Teórico-práctica de estudio territorial en la meseta del que son autores los profesores Martín Almagro Gorbea y José Enrique Benito López.
Estos trabajos arqueológicos contaron con el apoyo de la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid y permitieron abordar sistemáticamente el estudio arqueológico de un área geográfica de alrededor de 261 km2 en los seis municipios del Bajo Tajuña que hemos citado. Posteriormente, estos trabajos también fueron la base de una tesis doctoral, Estudio Territorial en el Valle del Tajuña (Madrid), una aproximación arqueológica, de la que es autor José Enrique Benito López, presentada ante el Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Esta tesis, entre otros contenidos, incluye una relación de todos los yacimientos arqueológicos que se localizaron durante los trabajos de prospección que se realizaron en los seis municipios citados.
En relación con el tema que aquí nos interesa, que no es otro que conocer quiénes fueron los primeros pobladores de Morata y de la comarca del Bajo Tajuña, así como los restos arqueológicos que delatan su presencia en estas tierras, Martín Almagro Gorbea y José Enrique Benito-López, autores del trabajo citado anteriormente, enumeran los yacimientos correspondientes a cada uno de los periodos que se localizaron en cada uno de los municipios que formaron parte de los trabajos de prospección arqueológica.
Para acotar cronológicamente estos sitios o yacimientos arqueológicos del Valle del Tajuña, los autores parten del periodo Paleolítico y continúan con siguientes periodos hasta llegar a la Edad de los Metales (Bronce y Hierro) que son los que vamos a analizar en el blog a partir de hoy y en las próximas semanas.
En los trabajos de prospección que hemos señalado que se realizaron en los últimos años del pasado siglo, se documentaron 528 sitios arqueológicos correspondientes a los periodos históricos comprendidos entre el Paleolítico y la Edad Moderna/Contemporánea: Paleolítico, Calcolítico, Campaniforme, Calcolítico/Bronce, Bronce, Hierro I, Hierro II, Romano, Medieval, Moderno/Contemporáneo e indeterminado (Los periodos Romano, Medieval, Modernos/Contemporáneos e Indeterminados quedan, como ya se ha señalado, fueron del ámbito cronológico de estas entrada del blog).

Paleolítico (2.500.000-10.000 años a.C.)
El Paleolítico es el periodo más antiguo y extenso de la historia de la humanidad. Dividido en tres subperiodos -superior, medio e inferior-, en este momento el hombre todavía es, básicamente, un nómada que obtiene sus recursos de la caza y la recolección de las plantas de la naturaleza.
En las prospecciones arqueológicas que sirvieron de base a los trabajos de investigación de los especialistas de la Universidad Complutense se recogió la existencia de 40 sitios arqueológicos pertenecientes a este periodo (7 de ellos en Morata), a los que habría que sumar 23 hallazgos aislados. El municipio del Bajo Tajuña con más sitios correspondientes a esta etapa de la Prehistoria es Perales de Tajuña (26 sitios y 12 hallazgos aislados).
Los autores de los trabajos de prospección de la zona de estudio señalan que la mayoría de los sitios correspondientes a este periodo corresponden al Paleolítico Inferior y Medio. Además, a diferencia de lo que sucederá en los periodos siguientes, cuando los habitantes de estas tierras se acerquen a la vega para vivir y obtener sus recursos, estos restos arqueológicos abundan especialmente en el páramo, la zona llana más elevada de la comarca. Por otra parte, la localización de los yacimientos en los páramos parece indicar que era en estos lugares más altos donde se localizaba la materia prima y donde se elaboraban las distintas herramientas.
Materiales del Paleolítico recuperados en El Mejial (Fuente: Estudio Territorial en el Valle del Tajuña (Madrid), una aproximación arqueológica. José Enrique Benito López)
El yacimiento más extenso de la comarca correspondiente a este periodo se sitúa en Perales de Tajuña, Peñas Rubias, con una extensión de 8,1 ha.
En Morata las prospecciones permitieron localizar 1 yacimiento y 6 hallazgos aislados. El yacimiento, localizado en El Mejial (en la zona del páramo como la mayoría de ellos), tiene una extensión aproximada de 3,43 Ha. En él se recuperaron materiales elaborados con sílex y cuarcita (lascas, raederas, raspadores,…). Por otra parte, los investigadores también localizaron sitios aislados correspondientes a este periodo del Paleolítico en distintos parajes del término municipal de Morata como La Solana, la Boca de la Zorra, La Cuesta de la Morena y El Alto.
Neolítico 10.000 a. C.-3.000 a. C.
Para el periodo correspondiente al Neolítico no existen prácticamente yacimientos localizados en la comarca. Benito López, al referirse a esta ausencia de restos arqueológicos correspondientes a este periodo indica que amplios periodos de la secuencia, [fundamentalmente el Neolítico] por motivos que se nos escapan, bien geológicos, bien culturales, no han logrado ser detectados, ya que no parece lógico suponer un despoblamiento total de este valle en periodos tan amplios y diversos de tiempo y este mismo hecho cabe extrapolarlo, igualmente, a otros tipos de yacimiento de los periodos conocidos, lo que exige tener en cuenta la necesaria limitación del método y la correspondiente prudencia en la interpretación de toda secuencia basada exclusivamente en trabajos de prospección.
La ausencia de estos yacimientos no significa necesariamente que no hubiera pobladores en el valle en este periodo. Sí que es cierto que el conocido Risco de las Cuevas, en Perales de Tajuña, en algún momento se adscribió a este periodo del Neolítico, aunque, como sucede en otros muchos yacimientos arqueológicos, la ocupación del mismo se extendió a lo largo de varios siglos y de varios periodos prehistóricos. En cualquier caso, el Risco de las Cuevas es el yacimiento arqueológico más estudiado de toda la comarca y, desde luego, el primero de toda la comarca que suscito el interés de los arqueólogos en el siglo XIX. (Actualmente este yacimiento cuenta con un Centro de Interpretación en el vecino pueblo de Perales de Tajuña, inaugurado en el año 2015, y cuya visita es muy aconsejable si queremos conocer el pasado más remoto de la comarca).


Fuentes y bibliografía:
  • Estudio Territorial en el Valle del Tajuña (Madrid), una aproximación arqueológica. José Enrique Benito López-Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2016.
  • Almagro Gorbea, M. y Benito, J. E. (1993): La prospección arqueológica del valle del Tajuña. Una experiencia teórico-práctica de estudio territorial en la Meseta. Complutum, 4.
  • Rosa, R. de la y Almagro, M. (1991): Prospección arqueológica del Valle del Tajuña: Morata de Tajuña. Estudios de prehistoria y arqueología madrileñas.

martes, 1 de agosto de 2017

El Bosque de Morata, de finca de los Altamira a patrimonio vecinal (III)



La venta de El Bosque

El Bosque fue uno de los bienes que más tiempo permaneció en el patrimonio de la Casa de Altamira en Morata. Acuciados por las deudas, los titulares del señorío ya habían vendido algunas de sus posesiones más emblemáticas, como el molino de la Huerta de Angulo, a comienzos del siglo XIX, en torno a 1820, y también muchos de los cuadros que colgaban de las paredes del palacio condal.
En el caso de El Bosque, en el año 1876 se anunciaba su subasta, junto a otras propiedades del conde de Altamira que aún permanecían en el patrimonio familiar. El edicto de la subasta nos permite conocer la extensión y los recursos agrarios de esta propiedad de los Altamira:
D. Luis Rubio y Cadena, juez de primera instancia del distrito de la Universidad de esta Corte.
Hago saber que en virtud de providencia dictada por mí a testimonio del Escribano D. Manuel Viejo, en autos ejecutivos que siguen los Excmos. Señores D. Francisco Caballero y Rozas, marqués viudo del Villar, y su hermano el Excmo. Sr. Andrés Caballero y Rozas, con la testamentaria del Excmo. Sr. Conde de Altamira sobre pago de pesetas, se sacan a la venta en pública subasta varios bienes inmuebles, sitos en término de Morata y Perales de Tajuña, partido judicial de Chinchón, provincia de Madrid, por el precio en que han sido retasados, a saber:
Un bosque en término de Morata, como de 242 fanegas de terreno, del marco de 300 estadales fanega, lindante a Norte, olivar de dicho señor Conde; Levante, camino de la villa de Campo, y Mediodía tierra del mismo Señor Conde, está retasado en la forma siguiente:
Las 242 fanegas de terreno, en pesetas 9.680.
El vuelo de sus leñas, en 968 pesetas.
Cincuenta y seis encinas, en 224 pesetas.
Ochenta y cinco almendros en 127 pesetas 50 céntimos.
Mil doscientas cuarenta y dos olivas en 4.347 pesetas.
La alameda negral dentro del referido bosque en 3.500 pesetas.
Una casa en el bosque, a la parte posterior de la población de Morata, nº 14 del Norte, con fachada al Mediodía, lindando por todos los lados con el bosque de que se trata, en 574 pesetas.
Y la quinta parte de todo el caudal de agua que en ella existe en 1.000 pesetas. Total, 20.420,50 pesetas.
En todo el conjunto, que no encontró comprador en esta primera subasta, se incluía, aparte de las olivas, los almendros y otros cultivos, la casa del guarda y el caudal de agua -valorado en 1.000 pesetas- que, recordemos, abastecía a la huerta y a las fuentes del palacio señorial.
Tras no encontrar comprador, en 1889 se anunció la que sería la subasta definitiva de los bienes de la Casa de Altamira en Morata. En esta subasta El Bosque formaba parte de un lote que incluía también unas tierras y unas alamedas en la vega:
(…) Cuarto lote.- Este cuarto lote se compone de las cinco fincas rústicas siguientes, todas ellas en término jurisdiccional de la misma villa de Morata de Tajuña:
Un cerro titulado El Bosque tasado en 20.800 pesetas
Una alameda titulada de Moraleda, tasada en 310 pesetas.
Una tierra titulada Las Cepas, de un área y cuarenta y tres centiáreas, tasada en 30 pesetas.
Otra tierra titulada también Las Cepas de tres áreas, setenta centiáreas, tasada en 60 pesetas (…). (Diario Oficial de Avisos de Madrid del 9 de junio de 1889).
La falta de postores obligó a un nuevo anuncio de subasta para el día 30 de noviembre de 1889 y con la misma tasación de los lotes subastados.
En esta subasta definitiva, convocada para saldar las deudas que la Casa de Altamira mantenía con el marqués de Torneros –que se hizo con el palacio como pago de los préstamos impagados-, fue en la que el Ayuntamiento de Morata adquirió la propiedad de El Bosque.
Al margen de esta subasta, también se vendió en estos años el que fuera molino aceitero del conde de Altamira que se encontraba situado en el límite sur de El Bosque, junto a la alcantarilla que se construyó para dar paso al ferrocarril. Este molino, al que ya nos hemos referido, servía para molturar la cosecha de aceitunas de los olivares que formaban parte de El Bosque. En una fecha que no hemos podido determinar fue adquirido por la familia Corpa, Josefa, Salvadora y Ángel, que a su vez se lo vendieron, el 14 de febrero de 1896 a Domingo Rodelgo. En la descripción de este molino se indicaba sus características:
(…) molino aceitero que tiene unidas una casilla y una tierra formando todo uno, situada en extramuros de esta villa, señalada en el número trece de orden de población, el molino y la casilla ocupan una superficie de novecientos setenta metros cuadrados y la tierra tiene de cabida tres celemines, equivalentes a siete áreas cuatro centiáreas y seis decímetros, linda por poniente del bosque, sur y oriente, camino del bosque y norte tierra de Cipriano Oliva, tiene derecho al agua del manantial de la villa (…).
Imagen aérea de El Bosque realizada en el año 1975 en la que se aprecia el campo de fútbol

El molino, ya propiedad de Domingo Rodelgo, sufrió serios daños a consecuencia de una tormenta que descargó en Morata entre la 6 y las 9 de la tarde del 3 de septiembre de 1906. En las crónicas de los periódicos de la época se detallan las consecuencias de las inundaciones provocadas por la tormenta:
(…) Las escasas noticias del desastre no reflejan ni mucho menos los enormes estragos causados por la tormenta. Lo primero que se ofrece a la vista, a la izquierda de la vía [del tren] es el molino de aceites de D. Domingo Rodelgo, cuyos muros se hallan completamente derruidos por la acción del agua. De la sólida cerca que circundaba el edificio no ha quedado piedra sobre piedra, y los residuos de las 250 arrobas de aceite que en él se almacenaban corren entre los escombros por la vertiente que forma el terreno, amen de vasijas y otros útiles del molino que las aguas arrastraron a algunos kilómetros de distancia (…). (A. Rivera Aguilar, El Imparcial, 6 de septiembre de 1906).
Con estas ventas de El Bosque y del molino aceitero finalizó la relación de la Casa de Altamira con Morata. Afortunadamente, una de sus propiedades más emblemáticas, El Bosque, pasó al patrimonio común de todos los morateños donde aún permanece y, actualmente, además del parque público alberga varias instalaciones lúdicas y deportivas.




Fuentes y bibliografía:
  • Archivo Histórico Provincial de Toledo. Sección Hacienda. Catastro de Ensenada. Libros maestros y respuestas generales de Morata de Tajuña. Bienes de Eclesiásticos. H 408 y  H. 410.
  • Historia de la villa de Morata de Tajuña-Torre Briceño, Jesús Antonio-Ayuntamiento de Morata de Tajuña, 1999.
  • Morata de Tajuña, según el Catastro de Ensenada-Miranzo Sánchez-Bravo, Agustín-Bubok, 2011.
  • Archivo Histórico Nacional-Sección Nobleza-BAENA, C.222, D-41-42.
  • Archivo Histórico Nacional-Sección Nobleza-BAENA, C-354, D-453-464.
  • Publicaciones y periódicos citados en el texto.

miércoles, 26 de julio de 2017

El Bosque de Morata, de finca de los Altamira a patrimonio vecinal (II)


Finca de recreo de los Altamira

La posesión de este bosque, situado a escasa distancia del palacio de los Altamira, facilitó su uso como lugar de recreo para los propietarios del señorío de Morata. Al margen de la explotación agrícola de los olivares localizados entre sus límites y el aprovechamiento de otros recursos como el esparto, las leñas y, por supuesto, el agua de su manantiales, existe constancia documental de que los Altamira también utilizaban El Bosque, al menos, como coto de caza para ellos mismos y para otros miembros nobleza que acudían a Morata. En un documento del siglo XVIII, del que ya hemos hablado en el blog, figuran los gastos realizados en El Bosque por la servidumbre de los Altamira en los días previos a la llegada a Morata de los condes de Oñate invitados por sus familiares:
Por los peones que se ocuparon de hacer [arreglar] el camino del bosque, el de la cuesta para la villa de Campo y Camino de Aranjuez, importaron todos ellos novecientos diez reales. (Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, BAENA, C.222, D.41-42).
Parece claro que la intención de los anfitriones de los condes de Oñate era visitar y disfrutar de El Bosque, seguramente en jornadas de caza, puesto que este uso cinegético consta en numerosos documentos, en este caso del siglo XIX. En 1852, el Diario Oficial de Avisos de Madrid publicaba el siguiente anuncio:
Se arrienda la caza del Bosque que posee el Excmo. Señor conde de Altamira, en término de la villa de Morata, bajo las condiciones que estarán de manifiesto en la contaduría de S. E. y en la administración de dicho señor, en la expresada villa, hasta el día 31 del corriente, en que se adjudicará al sujeto que mejor proposición hubiese hecho, advirtiéndose que el mencionado bosque está a poco más de un cuarto de legua de la carretera del Las Cabrillas entre Arganda y Perales, por la cual pasan diariamente las diligencias de Valencia y Tarancón, habiendo otra también establecida en Arganda que conduce pasajeros de esta corte los lunes y sábados (…). (Diario Oficial de Avisos de Madrid, 24 de enero de 1852).
Unos años después, en 1856, se vuelven a subastar los derechos de caza de El Bosque:
Se arrienda en pública subasta y por dos meses, la caza del bosque de Morata de Tajuña, perteneciente al Excmo. Sr. Conde de Altamira, cuyo doble remate se ha de celebrar el día 15 del corriente, a las diez de la mañana, en la administración de aquella villa y en la contaduría de dicho Excmo. Sr. Conde de Altamira, hallándose de manifiesto en ambas dependencias el pliego de condiciones, bajo las cuales ha de tener efecto este remate. (Diario Oficial de Avisos de Madrid, 12 de junio de 1856).
Que El Bosque de los Altamira se utilizaba como coto de caza también se corrobora con un edicto, este publicado en la Gaceta de Madrid, en el que se anunciaba la celebración de un juicio contra un cazador furtivo:
Hago saber que habiéndose devuelto a esta Tenencia de Alcaldía para la celebración del correspondiente juicio de faltas las diligencias instruidas contra Ildefonso Rivas Gómez por cazar con hurón en el bosque perteneciente a la testamentaria del Excmo. Señor conde de Altamira, e ignorándose su actual paradero, se le requiere y cita por medio del presente edicto para que en el día 10 de octubre, y hora de las diez de la mañana, se presente en esta tenencia de Alcaldía para celebrar el indicado juicio de faltas. Francisco Estévez [segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento de Morata] (…). (Gaceta de Madrid, 29 de septiembre de 1867).
Pero no era sólo el arriendo del coto de caza lo que proporcionaba ingresos a la Casa de Altamira en Morata en esos años de mediados del siglo XIX, cuando la familia ya había vendido una gran parte de sus propiedades en la villa. Como ya se ha señalado, el aprovechamiento de los olivares que formaban parte de El Bosque era una de las ya por entonces escasas fuentes de ingresos de los Altamira en Morata. En el año 1839, en el mes de julio, el administrador de los bienes del conde de Altamira, Pablo Martínez Toledano, remite a la administración central de la Casa de Altamira en Madrid, el estado de las cuentas de ingresos y gastos. Entre estos ingresos incluye los procedentes de las ventas del aceite procedente de la molturación de las aceitunas de los olivares de El Bosque y en los gastos los derivados del cultivo de los citados olivares:
Administrador de rentas del Excmo. Señor conde Altamira en la villa de Morata
Remito a usted los estados mensuales de abril, mayo y junio por los cuales podrá enterarse del que tiene esta administración y al mismo tiempo de que tengo hechas las labores en los olivares, y asimismo de que se ha vendido el aceite claro de Yema y remolido con la mayor estimación posible, prometiéndome hacerlo también de los demás pues los turbios de yema a pesar de que regularmente se venden al precio de hoja, que siempre es la mitad de lo que vale el claro de yema, vendido a lo menudo, viene a salir a casa libre de cargas a 42 reales y el de hoja a 30 reales y eso que el postor y los demás cosecheros en vista de la mediana cosecha que se presenta han bajado también el precio del claro de yema a 16 cuartos libra. (Archivo Histórico Nacional-Sección Nobleza-BAENA, C-354, D-453-464).
El Bosque en una imagen aérea del año 1946

Además de los olivares y la caza, El Bosque disponía de otros recursos que la Casa de Altamira no dejó de explotar mientras que esta finca se mantuvo en su propiedad. El esparto y la leña eran algunos de estos recursos que los administradores de los condes de Altamira en Morata sacaban anualmente a subasta. Hay varios ejemplos de estas subastas en las publicaciones oficiales del siglo XIX, también en las posesiones de los Altamira en Perales:
AL PÚBLICO.- Se venden en pública subasta las leñas del bosque titulado de Perales, propio del Excmo. Conde de Altamira que lleva en arrendamiento el Excmo. Señor conde de Sástago, cuyo remate verificará el apoderado de este último Sr. Excmo. en la casa que habita en esta villa de Morata, y plazuela llamada de Espinardo, el día 8 del corriente, de once a doce de la mañana, bajo las condiciones que se manifestarán a los licitadores en el acto del remate, advirtiéndose que no será admitida postura que no cubra la cantidad de 7.000 reales. Morata, 1º de diciembre de 1846. José González. (Diario de Avisos de Madrid, 7 de diciembre de 1846).
Unos años después también se publica la subasta para el arriendo del esparto de El Bosque de Morata:
ARRIENDO DE ESPARTO.-Se arrienda en pública subasta y por el tiempo preciso para su recolección el esparto del bosque de Morata de Tajuña, perteneciente al Excmo. Sr. conde de Altamira, cuyo doble remate se ha de celebrar el día 22 del corriente en la casa administración de aquella villa, y en la contaduría de dicho Excmo. Señor conde de Altamira, hallándose de manifiesto en ambas dependencias el pliego de condiciones bajo las cuales ha de tener efecto este remate. (Diario Oficial de Avisos de Madrid, 2 de junio de 1856).
Para la vigilancia de estos bienes, la Casa de Altamira había levantado una casa, en la zona sur de El Bosque, en las proximidades del casco urbano y junto al propio molino aceitero, que era habitada por un guarda, encargado de proteger la caza, la leña y los otros recursos con los que contaba la finca. Según el documento del Archivo Histórico Nacional, al que ya nos hemos referido, entre los gastos de la Casa de Altamira en Morata se incluían los correspondientes al pago del salario del responsable de la guardería:
(…) Por el salario del guarda del bosque Salvador García en todo este mes a razón de 4 reales diarios 124 reales. (Archivo Histórico Nacional-Sección Nobleza-BAENA, C-354, D-453-464).

Fuentes y bibliografía:
  • Archivo Histórico Provincial de Toledo. Sección Hacienda. Catastro de Ensenada. Libros maestros y respuestas generales de Morata de Tajuña. Bienes de Eclesiásticos. H 408 y  H. 410.
  • Historia de la villa de Morata de Tajuña-Torre Briceño, Jesús Antonio-Ayuntamiento de Morata de Tajuña, 1999.
  • Morata de Tajuña, según el Catastro de Ensenada-Miranzo Sánchez-Bravo, Agustín-Bubok, 2011.
  • Archivo Histórico Nacional-Sección Nobleza-BAENA, C.222, D-41-42.
  • Archivo Histórico Nacional-Sección Nobleza-BAENA, C-354, D-453-464.
  • Publicaciones y periódicos citados en el texto.

miércoles, 19 de julio de 2017

El Bosque de Morata, de finca de los Altamira a patrimonio vecinal (I)


Hace unas semanas publicábamos en el blog el proceso de desamortización de bienes de propiedad municipal que se produjo a lo largo de todo el siglo XIX. Unos años después, en 1889, sucedía justo lo contrario: la compra por parte del Ayuntamiento de El Bosque, propiedad del conde de Altamira y anteriormente del marquesado de Leganés, permitió incorporar este paraje al patrimonio común de los vecinos de Morata en el que aún permanece.

El primer registro documental del que disponemos y que recoge la inclusión de El Bosque en el patrimonio de la casa de Altamira en Morata aparece en los legajos del Catastro de Ensenada, elaborados a mediados del siglo XVIII. Sin embargo, esta propiedad debía de pertenecer desde muchos años antes a los propietarios del Señorío de Morata: los marqueses de Leganés, antecesores de la casa de Altamira, fueron quienes construyeron el palacio señorial a mediados del siglo XVII y se sabe que el abastecimiento de agua, para las fuentes ornamentales y la huerta, procedía de los manantiales existentes en El Bosque:
(…) según cálculo aproximado la cabida del jardín [del palacio] es de dos fanegas y seis celemines. (...) el patio o corral con una fuente pequeña inutilizada, dos cuartitos pequeños, puerta al jardín y otra que sale a la calle Cruz de Orozco, con dos puertas que salen a calle Picadero y tiene doce higueras, diez y siete granados, dos laureles, dos olivones sevillanos y una noguera, hay también tres fuentes inutilizadas de piedra de mármol, un depósito de aguas que vienen desde el Bosque y un estanque grande en el que se depositan dichas aguas para el riego (...). (Apunte de la inscripción el Registro de la Propiedad del año 1866).
Además del disfrute de las aguas de los numerosos manantiales de este paraje morateño, previamente canalizadas hasta el palacio, los marqueses de Leganés y, más tarde, los condes de Altamira aprovecharon para más usos esta finca situada en el límite del casco urbano. No sólo explotaron sus recursos agrícolas sino que también le dieron un uso de recreo como finca de caza y esparcimiento de la familia. Hay documentos, como veremos, que así lo constatan y que demuestran que, al margen de su rendimiento económico y de abastecimiento de aguas para el palacio, la práctica de la caza -tan arraigada en las familias de los nobles en esos años- también sería un motivo más para incluir El Bosque entre los bienes de los titulares del señorío.
Como se ha señalado, ya en el Catastro de Ensenada se incluye esta propiedad a la que se define como un Bosque acotado, propio del señor de esta villa, que se compone de una porción de olivos, algo de alamedas y lo demás son espartales y algunas encinas. En las Respuestas Generales del catastro también se especifica su superficie: Doscientas fanegas que tendrá el Bosque del señor de esta villa (…) que ocupa de tierra de ínfima y que su situación es entre cerros y peñascos excepto un poco que hace de cañada que serán como diez fanegas de buena calidad.
Mapa del término de Morata (año1809) en el que se identifica el Bosque de Olivos

Al tratarse de fanegas de secano –de 400 estadales o 3.756 metros cuadrados-, las doscientas fanegas equivaldrían a una superficie total, aproximada, de 75 hectáreas. En esta superficie, aparte de esos cerros y peñascos de ínfima calidad también se incluían otros cultivos más productivos y rentables para la Casa de Altamira:
(...) en la parada de El Bosque se dejaron de incluir diferentes alamedas que se hallan en las arroyadas de dicho Bosque que ocupan como siete fanegas de tierra. Y así mismo se hallan en dicho Bosque en diferentes pedazos chicos y grandes de tierra diferentes olivares que ocuparán sesenta fanegas de tierra y mil novecientas y una olivas de mediana calidad.
La inclusión de estas alamedas y olivares en el perímetro acotado de El Bosque dotaban a esta propiedad de los titulares del señorío de Morata de la posibilidad de explotar estos cultivos de su finca más extensa de las muchas que poseían en el término municipal. En esos años, los palos de las alamedas, de álamo negro, se utilizaban como materiales de construcción y para la elaboración de arados. Las siete fanegas que se contabilizaban rendían económicamente (...) de diez en diez años treinta palos y que la común estimación [valor] de cada uno es ocho reales (...).
Mayor rendimiento obtenían los marqueses de Leganés y los condes de Altamira del cultivo de las sesenta hectáreas de olivares que se localizaban en distintas parcelas de El Bosque. La existencia de estos olivares, tan próximos al casco urbano, tal vez decidió a sus propietarios a levantar un molino de aceite en la misma finca para molturar la cosecha. De este molino de aceite, existente constancia, al menos, desde 1751 y fue construido, por tanto, cuando el señorío de Morata pertenecía a los marqueses de Leganés, también tenemos noticias por el catastro:
(...) un molino aceitero propio de el señor de esta villa, inmediato a las tapias de ella como se sube para el Bosque, con su viga, piedra, trojes, balsa, almacenes y demás pertrechos, todo corriente, regulada su utilidad anual en seiscientos reales.
Este molino aceitero, cuyo tamaño y valoración era muy similar al del resto de los existentes por aquellos años en Morata –a excepción del que era propiedad de los frailes dominicos, con unas rentas anuales valoradas en 1.100 reales-, tenía la peculiaridad de ser el único situado al norte de la población, al contrario que los demás, localizados todos al sur, y siguió funcionado hasta comienzos del siglo XX, como veremos.


Fuentes y bibliografía:
  • Archivo Histórico Provincial de Toledo. Sección Hacienda. Catastro de Ensenada. Libros maestros y respuestas generales de Morata de Tajuña. Bienes de Eclesiásticos. H 408 y  H. 410.
  • Historia de la villa de Morata de Tajuña-Torre Briceño, Jesús Antonio-Ayuntamiento de Morata de Tajuña, 1999.
  • Morata de Tajuña, según el Catastro de Ensenada-Miranzo Sánchez-Bravo, Agustín-Bubok, 2011.
  • Archivo Histórico Nacional-Sección Nobleza-BAENA, C.222, D-41-42.
  • Archivo Histórico Nacional-Sección Nobleza-BAENA, C-354, D-453-464.
  • Publicaciones y periódicos citados en el texto.

viernes, 14 de julio de 2017

Morata en tiempos del cólera (VI)


Los datos de la epidemia de 1885

A diferencia de los brotes epidémicos de 1834 y 1855, en el año 1885 contamos con varias fuentes para cuantificar cómo afectó a la población de Morata la última epidemia de cólera del siglo XIX. A las cifras oficiales que se publicaron al año siguiente de la epidemia, hay que añadir los partes diarios que aparecían en los periódicos y, especialmente, los datos que se recogen el Registro Civil de Morata. Estas instituciones fueron creadas en todos los pueblos a partir de una ley del año 1870 y constituyen la fuente más fiable para cuantificar el número de fallecidos por el cólera. (En las poblaciones más importantes, el Registro civil ya existía desde el año 1841).
Gracias a Eduardo Corpa Camacho, creador y administrador del grupo de facebook Morata de Tajuña, ayer y hoy, contamos con estos valiosos datos del Registro Civil de Morata para documentar los fallecimientos a causa del cólera en la epidemia de 1885.
Relación de fallecidos, con la fecha y la causa de la muerte:
  1. Marcelino Expósito-17 de agosto-Gastroenteritis aguda
  2. Juan Arias Cano-18 de agosto-Gastroenteritis aguda
  3. Ángel Sánchez Infante-19 de agosto-Entero-Colitis
  4. Felipa del Saz Estarás-19 de agosto-Fiebre Gástrica
  5. Polonia Rivas García-20 de agosto-Gastroentero-Colitis
  6. Paula Cediel García-21 de agosto-Disentería
  7. Andrés Giménez Martínez-22 de agosto-Gastroenteritis
  8. Rufina Cebrián López-Rufián-23 de agosto-Síntomas Coleriformes
  9. Ramón de la Torre Martínez-23 de agosto-Debilidad General
  10. Crispina Cano Rubiato-24 de agosto-Gastroenteritis
  11. Fulgencio Cuesta González-26 de agosto-Enteritis Aguda
  12. Felipe Cano Rubiato-27 de agosto-Debilidad General
  13. Gervasio Martínez Durán-28 de agosto-Gastritis Aguda
  14. Quintina Giménez Martínez-31 de agosto-Derrame Sanguíneo abdominal
  15. Teresa Santillana Martínez-2 de septiembre-Enteritis Coleriforme
  16. Román Martínez Carrasco-4 de septiembre-Disentería- síntomas coleriformes
  17. Encarnación Meneses de la Riva-5 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  18. Antonio García Moreno-6 de septiembre-Cólico con Síntomas Coleriformes
  19. Remedios Roldán Sánchez-9 de septiembre-Entero-Colitis
  20. Cesáreo Gozalo Ortiz-11 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  21. Juana Delgado Fuentes-11 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  22. Francisco Fuentes Calero-12 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  23. José Ballesteros Sánchez-13 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  24. Pablo Peinado Giménez-15 de septiembre-Entero-Colitis
  25. Feliciana Giménez Santander-18 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  26. Cesárea Navarro Bermejo-19 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  27. Tomasa Estarás Anguita-20 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  28. Engracia García-Esquena Villalva-20 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  29. Victoria Pedraza García-Esquena-21 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  30. María Villalva Sánchez-21 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  31. María Nieves Martínez Nielfa-21 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  32. Flora Casado de las Heras-22 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  33. Gregoria García Parra-23 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  34. Mercedes Muñoz González-23 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  35. Pedro Martínez Hernández-23 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  36. Juan Villalva Máxipica-24 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  37. Sabina González Moreno-24de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  38. Pedro Mesonero Serrano-26 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  39. Ventura Medel García-26 de septiembre-Cólera Morbo Epidémico
  40. Matías Roldán Cantarero- 30 de septiembre-Gastroenteritis
  41. Cesárea Rodríguez Carrascosa-1 de octubre-Cólera Morbo Epidémico
  42. Lucio Sánchez-Celemín Giménez-2 de octubre-Cólera Morbo Epidémico
  43. Gabriel Roldán Gigorro- 6 de octubre-Cólera Morbo Epidémico

    Es decir, según el Registro Civil de Morata, se contabilizaron 43 fallecidos por cólera. Por sexo, el número de fallecidos es prácticamente igual: 21 hombres y 22 mujeres. La distribución por grupos de edad también es muy pareja: menores de 20 años, 10 hombres y 9 mujeres; mayores de 20 años, 11 hombres y 13 mujeres.
Estos datos procedentes del Registro Civil de Morata difieren ostensiblemente de las estadísticas oficiales que se publicaron en 1886, al año siguiente de la epidemia e incluso con los datos que diariamente aparecían en los periódicos de Madrid (Según estos partes diarios, en Morata fallecieron 29 personas a consecuencia de la epidemia).
El porqué de esta discrepancia puede hallarse en que en el registro civil únicamente se registraron 23 fallecimientos con la expresión cólera morbo epidémico como causa directa de la muerte. En el resto de los casos aparecen, especialmente en los primeros días de la epidemia, eufemismos como gastroenteritis, gastritis aguda o enteritis coleriforme (6), entero-colitis o gastro entero-colitis (6), fiebre gástrica (1), disentería (2), cólico con síntomas coleriformes (1), derrame sanguíneo interno abdominal (1) y debilidad general (2) para determinar la causa de las muertes.
Lógicamente, si existen discrepancias en el número de fallecidos, tampoco las estadísticas oficiales coinciden con los datos del Registro en cuanto a la fecha de comienzo y final de la epidemia. Para los registros oficiales, según la publicación del Ministerio de la Gobernación, el cólera se inició en Morata el 22 de agosto, pero en esta fecha ya se habían contabilizado nada menos que seis fallecimientos desde el día 17 de agosto, atribuidos en las actas de defunción del Registro Civil a causas como gastroenteritis, fiebres gástricas e incluso disentería. Por otra parte, para el Ministerio la epidemia finalizo el 3 de octubre, cuando los datos reales indican que el último fallecimiento en Morata tuvo lugar el 6 de octubre. De hecho, el propio Gobierno Civil de la provincia de Madrid emitió una nota, publicada el 5 de octubre en La Correspondencia de España, en la que aseguraba que:
Según los partes recibidos en el gobierno civil, en los pueblos de esta provincia no existe novedad alguna respecto a la epidemia colérica, salvo en Morata de Tajuña, donde se ha registrado una defunción en días anteriores.
Pese a que los datos más fiables del Registro Civil invalidan los que se publicaron meses después de finalizar la epidemia y aunque, como es de suponer, la misma situación se planteó en otros pueblos de la comarca, a título informativo y con la salvedad de su dudosa credibilidad, incluimos las estadísticas oficiales respecto sobre estos municipios:
  • Morata de Tajuña, población de 2.852 habitantes, invadidos 47 y fallecidos 24. La epidemia comenzó el 22 de agosto y finalizó el 3 de octubre. 43 días de epidemia en la que fallecieron el 0,84 de la población y el 51,06 de los invadidos.
  • Perales de Tajuña, población de 1.589 habitantes, 38 invadidos y 10 fallecidos, comenzó la epidemia el 24 de septiembre y finalizó el 15 de octubre. Falleció el 0,63 por ciento de la población y el 28,95 de los invadidos.
  • En Chinchón, 4.774 habitantes, 384 invadidos y 167 fallecidos, la epidemia comenzó el 16 de julio y finalizó el 27 de agosto. Duró 43 días y falleció el 3,50 por ciento de la población y el 49,12 de los invadidos.
Vacunación contra el cólera en un grabado del siglo XIX


Con discrepancias en las cifras de afectados y fallecidos, esta epidemia de cólera de 1885 fue la última de las que padeció Morata, y la comarca de la vega del Tajuña, durante el siglo XIX. En los años siguientes los medios y los conocimientos sanitarios avanzaron notablemente. Antes de que acabara el siglo, en Morata y en otros pueblos vecinos, se acometieron campañas de vacunación, contra el cólera y otras enfermedades como la viruela, según informaba el Heraldo de Madrid el 29 de octubre de 1890 (2073 personas vacunadas en Chinchón, Morata, Tielmes, Carabaña, Valdaracete y Brea), lo que no impidió que en la memoria colectiva permaneciera el recuerdo de estas epidemias que en el siglo que finalizaba habían traído la impotencia y el miedo ante la muerte a todos sus antepasados.


Fuentes y bibliografía

  • La epidemia de cólera de 1834 en Madrid. Asistencia y represión a las clases populares-Vidal Galache, Florentina. Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, n.° 2, 1989, págs. 271-279. Madrid, 1989.
  • Biografía del Excmo. Sr. Mateo Seoane, por el doctor en Medicina Don Manuel Albistur. Escenas contemporáneas. Revista biográfica, y necrológica, científica, literaria y artística. Imprenta de Luis Beltrán. Madrid, 1862. Segunda edición.
  • La epidemia de cólera de 1834 en Madrid. Aspectos sanitarios y socioeconómicos. Puerto, F. Javier. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Estudios de Historia Social. 1980, nº 15, p. 9-61. Universidad Carlos III de Madrid-Repositorio institucional e-Archivo http://e-archivo.uc3m.es. Departamento de Economía-Artículos de Revistas, 1980-
  • El cólera epidémico. Consejos a los pueblos y los médicos para evitar esta enfermedad. Manuel Codorniu. Imprenta de Alejandro Gómez. Madrid, 1849.
  • Instrucciones generales sobre el modo de preservarse del cólera-morbo epidémico, con indicaciones acerca de su método curativo, por el doctor Mateo Seoane. Imprenta de D. M. Calero. Madrid, 1834
  • Epidemias de Cólera en Chinchón durante el siglo XIX. Panadero García, Raúl. Ayuntamiento de Chinchón. Año 2007. Premio de Historia.
  • La crónica de los hospitales. Periódico oficial de la Facultad de Medicina, Cirugía y farmacia del General de Madrid. Año Tercero-tomo III. Imprenta de Manuel de Rojas. Madrid
  • Morata de Tajuña. Crónica de la provincia de Madrid. Arribas, Juan Diego-Imprenta de la Diputación Provincial. Madrid, 1891.
  • Ministerio de la Gobernación-Dirección General de Beneficencia y Sanidad. Sección de Sanidad-Negociado de Estadística. Resumen general de las invasiones y defunciones por causa del cólera ocurridas en España durante el año 1885. Imprenta Nacional. Madrid-1886.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.
  • Registro Civil de Morata de Tajuña. Registro de Defunciones, año 1885.
  • Grupo de facebook Morata de Tajuña, ayer y hoy.