miércoles, 11 de octubre de 2017

Esteban Páez, un jesuita morateño en América (I)



Esteban Páez, nacido en Morata en 1549, desarrolló durante su carrera eclesiástica como miembro de los jesuitas importantes cargos en la organización de esta orden religiosa. Después de estudiar Teología y Artes en la Universidad de Alcalá, y de completar su formación religiosa en el colegio de los jesuitas de Roma, ejerció como máxima autoridad de la orden fundada por san Ignacio de Loyola la en las provincias americanas de Méjico y en Perú, donde murió en 1617.

Esteban Páez pertenecía a una familia de origen hidalgo asentada en Morata y en otras poblaciones cercanas desde el siglo XV y hasta el siglo XVIII. Varios miembros de esta familia ejercieron como alcaldes por el estado de la nobleza en Morata: Pedro Sánchez Páez (1574-1575), Francisco Páez (1607), Pedro Sánchez Páez (1602) o Roque Páez (1609) ocuparon este cargo en los siglos XVI y XVII. En el siglo XVIII, Joseph Páez Jaramillo (1761) y Juan Páez (1766) fueron los últimos miembros de esta familia de hidalgos, a la que perteneció Esteban Páez, que ocuparon la alcaldía de Morata.
Como miembro de una de las familias más poderosas de la villa, Esteban Páez estudió Teología y Artes en la Universidad de Alcalá de Henares donde fue discípulo del padre Alonso Deza y donde ejercía como catedrático y doctor en Teología otro morateño: Francisco Sánchez Paz. Tras ingresar a los 17 años en la Universidad Complutense, Esteban Páez destacó en sus estudios y eso le permitió trasladarse a Roma para completar su formación religiosa y humanística en el Colegio Romano que creara el fundador de los Jesuitas, Ignacio de Loyola.
Enrique Torres, historiador de la Compañía de Jesús en América, se refiere en estos términos a este centro de formación de los jesuitas al que fue enviado Esteban Páez tras su formación inicial en Alcalá de Henares para completar sus estudios teológicos:
El Colegio Romano se había fundado con el objeto de formar en él a aquellos sujetos de la Compañía que, además de una aventajada inteligencia, poseían fortaleza de espíritu, carácter enérgico y otras cualidades especiales que hacían juzgarles con aptitudes de ejercer con provecho los empleos y dignidades mas elevados de la orden. El cultivo esmerado de la inteligencia y el estudio de la ciencia de gobierno era el constante ejercicio de los estudiantes de Roma.
Para que todas las Provincias disfrutaran de las ventajas que esa educación ofrecía, se mandaba anualmente de cada uno de ellos a ese colegio dos de los mas meritorios estudiantes, en los cuales los Superiores hubiesen notado que se reunían los requisitos convenientes para llenar el fin de aquella creación. El P. Páez fue uno de los favorecidos, en su oportunidad, por su Provincia de Castilla.

Reproducción de un documento manuscrito firmado por el jesuita Esteban Páez

Por este elitista colegio también pasó un pariente muy cercano de Esteban Páez, el también jesuita Pedro Páez, natural del pueblo de Olmeda de las Fuentes, y que pasó a la historia como primer europeo que llegó a las fuentes de el Nilo. En la Revista Razón y Fe, editada por los jesuitas, se indica que Pedro Páez, hijo de Juan Páez Xaramillo y Elvira Campuzano era primo hermano de Esteban Páez. Pedro Páez, que inició sus estudios con los jesuitas en 1584, en la casa de probación de Villarejo de Fuentes, sin duda recibió la influencia de su primo morateño , tal como indica en su tesis doctoral Antoine Bouba (África negra en los libros de viaje españoles de los siglos XVI y XVII):
Quizás estudió [Pedro Páez] durante sus primeros años en Alcalá de Henares, a lo mejor en el Colegio de San Ildefonso, como piensan unos autores como Bishop y Reverte. Consta también en el Diccionario histórico de la Compañía de Jesús que Páez estudió filosofía en Belmonte (Cuenca).287 Pedro Páez tenía dos hermanos (Juan y Gaspar), y dos hermanas (Ana María e Isabel).288 No tenemos constancia de otros detalles sobre la vida de su familia, pero queda cierto que el joven aristócrata recibió la influencia de un familiar suyo que se llamaba Esteban Páez. Éste era provincial de la Compañía de Jesús en Méjico y, como los demás muchachos de su clase social, el joven Pedro no resistió al viento espiritual que soplaba sobre la Europa de su tiempo, un viento provocado por Ignacio de Loyola desde 1524 con la fundación de la Compañía de Jesús.

Tras realizar la conocida como tercera probación –el tercer año de examen y prueba religiosa que constituye el final de la extensa formación de los religiosos jesuitas-, Esteban Páez pasó a ejercer la cátedra de Teología en un colegio jesuita de Nápoles. En esta ciudad italiana ejerció durante cuatro años y, ya en 1580, pasó a España por deseo expreso del general de la Compañía, Everardo Mercuriano, para cumplir una importante misión, trabajar a favor de que el rey Felipe II fuera admitido como nuevo monarca en Portugal. Junto con el también jesuita padre Luis Guzmán visitó los colegios de Portugal y su misión resulto exitosa: gracias a la influencia de los jesuitas Felipe II fue admitido y reconocido como rey de Portugal.
De nuevo en España, Esteban Páez continuó con su labor de docente como rector del colegio jesuita de Caravaca de la Cruz. De este centro pasó a ejercer, en 1589, como secretario del padre provincial de Toledo Gonzalo Dávila. Pasaría cuatro años en un cargo que le llevó, en 1593, a viajar a Méjico, ahora como secretario del visitador de esta provincia jesuita, el padre Diego de Avellaneda. Este viaje a América sería fundamental en la biografía de Esteban Páez que ya desarrollaría toda su extensa labor evangélica y docente en el continente americano.


Fuentes y bibliografía
  • Jesuitas del Perú. Torres Saldamando, Enrique. Imprenta Liberal. Lima, 1882.
  • Africa negra en los libros de viajes españoles de los siglos XVI y XVII. Bouba Kidakou, Antoine. Departamento de Literatura Española y Teoría de la Literatura. Facultad de Filología. Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid, 2006.
  • Revista Razón y Fe. Tomo XV. Mayo-Agosto 1906-Madrid, 1906
  • Historia de la villa de Morata de Tajuña-Torre Briceño, Jesús Antonio-Ayuntamiento de Morata de Tajuña, 1999.

miércoles, 4 de octubre de 2017

El pasado de la civilización romana en Morata (III)


Las lápidas funerarias localizadas en Morata

Las inscripciones en latín halladas en sendas lápidas encontradas en el término municipal constituyen la mejor referencia a la influencia de la civilización romana en Morata. Estas inscripciones y estas lápidas, lamentablemente desaparecidas pero de las que existen numerosas referencias documentales, han sido motivo de estudio para los especialistas en epigrafía latina y, al mismo tiempo, sirven para confirmar que, en un determinado momento histórico, en el término municipal se asentaron familias que aprovecharon la fertilidad de la vega del Tajuña para sus explotaciones agrícolas.

Uno de los especialistas en epigrafía latina que han estudiado las inscripciones latinas encontradas en Morata es el Leonard Curchin, profesor emérito de la Universidad de Waterloo (Ontario, Canadá). En un artículo publicado en 1995, The forgotten inscriptions of Morata de Tajuña (Las inscripciones olvidadas de Morata de Tajuña), Curchin destaca la abundancia de lápidas de origen romano en el entorno de la ciudad de Complutum y más en concreto, en los municipios vecinos de Titulcia, Perales de Tajuña, Arganda del Rey y Chinchón. En todos ellos se han descubierto lápidas con inscripciones latinas procedentes del periodo romano.
La influencia de Complutum (Alcala de Henares) en todo su entorno geográfico y muy particularmente en el territorio más próximo al trazado de la vía o calzada romana que comunicaba Mérida con Zaragoza (Ver post de la semana anterior), también es destacada por otros investigadores especializados en epigrafía romana. María del Mar Royo Martínez, en un artículo publicado en la revista Espacio, Tiempo y Forma (Onomástica y sociedad en la epigrafía latina antigua de la Comunidad Autónoma de Madrid), incide en esta idea cuando afirma que Complutum fue el enclave más romanizado de la región, como lo demuestra el elevado número de epígrafes hallados en la ciudad y fue aquí donde convivieron gentes de diversa extracción social, desde esclavos hasta plenos ciudadanos romanos vinculados a las élites de la ciudad.
Los hallazgos tanto arqueológicos como epigráficos en Complutum y en sus inmediaciones, -continúa María del Mar Royo Martínez- sugieren además que a finales del siglo I d.C. y especialmente a lo largo del siglo II d.C. se desarrolló un intenso poblamiento tanto en la propia ciudad como en sus alrededores por todos sus frentes. En dirección oeste y suroeste, hemos visto numerosos testimonios epigráficos en localidades tales como Torrejón de Ardoz, San Fernando de Henares o Barajas; al norte, en Meco, Valdeavero, Alalpardo, Valdeolmos o Talamanca del Jarama; y en dirección sur en puntos como Torres de la Alameda, Valtierra, Morata de Tajuña, Carabaña, o Chinchón.
El texto de las inscripciones latinas encontradas en Morata
El contenido textual de las lápidas latinas encontradas en Morata ha llegado hasta nosotros gracias a las referencias a las mismas que se realizaron en las respuestas a las Relaciones Topográficas de la villa de Morata (siglo XVI). Estos textos han sido reproducidos en varias publicaciones. Cean Bermúdez en el siglo XIX y el citado Leonard Curchin y otros investigadores en el siglo XX los han e incluso los han traducido al castellano desde el latín original. Así sucede en una publicación de la Comunidad Autónoma de Madrid (Inscripciones Latinas de la Comunidad de Madrid (Siglos I–VIII) de María Ruiz Trapero).
1ª inscripción
[------]
et Minicius [---]
heredes [ex test (amento) f (aciendum) c (uraverunt) vel.
Los herederos [de Miniciuus] se ocuparon de hacerlo por testamento.
Esta interpretación de la inscripción latina y la frase et Minicius heredes se corresponde, según Leonard Curchí,n con una fórmula tipo de las inscripciones funerarias romanas. El profesor canadiense señala también que el gentilicio Minicius está muy arraigado en la península ibérica y cita concretamente otra inscripción de un tal Minicius Chestus localizada en la localidad toledana de Carmena.

2ª inscripción
D (es) [M (anibus) s (acrum)?]
Licinia [---]
[------]
Consagrado a los Dioses Manes. Licinia
Respecto a esta segunda inscripción Curchin también hace referencia a la abundancia del gentilicio Licinia en la península ibérica y, más concretamente, en lo que hoy es la Comunidad Autónoma de Madrid. Este gentilicio parece en epigrafías latinas con referencias a Licinius Iulianus, Licinus Festus o Licinia Quieta.
De hecho, muy cerca de Morata, en la vecina localidad de Titulcia, está documentada la presencia de una familia con este gentilicio de Licinia dedicada a la alfarería y a la elaboración de cerámica. También se cita el descubrimiento de una pieza de cerámica (Un pondus o pieza de telar romano) en la que se puede leer LICINI, lo que indicaría que habría sido elaborado por un miembro de esta familia de origen romano.
El doctor Mexia, párroco de la iglesia de Morata en el siglo XVI y autor de la respuesta a las Relaciones topográficas que ha permitido conocer el texto de las dos inscripciones epigráficas se refiere a las piedras labradas con molduras, y otras escritas con letras góticas en lengua latina y respecto a la consagrada a Licinia apunta a que debía ser el nombre de la dicha ciudad. Naturalmente, esta es una interpretación muy libre del párroco morateño al referirse al antiguo nombre de Morata como Licinia, al igual que su afirmación de que las letras estaban escritas en caracteres góticos. Leonard Curchin, sobre esta última afirmación, señala que Mexía no era un experto en epigrafía latina y pudo confundir la apariencia del texto que, en cualquier caso, todos los especialistas aseguran que pertenece al gentilicio de una familia romana, Licinia, inscrito en una lápida funeraria (en Alcala de Henares, Complutum, también se han documentado otras dos lápidas con la inscripción Licinia).
En este sentido, el carácter funerario de las dos inscripciones localizadas en Morata, es característico y muy propio de la civilización romana. María del Mar Royo, en su artículo sobre los Testimonios escritos sobre la muerte en el Madrid romano: las inscripciones funerarias del Museo Arqueológico Regional de Madrid, señala que el recuerdo y el culto a los difuntos fue por tanto un elemento fuertemente arraigado entre los romanos. Cualquier individuo, incluso los esclavos, tenían en principio derecho a disponer de un monumento funerario y a dejar constancia en el mismo tanto de su nombre, su edad, e incluso de su propia imagen (…). 
 Reproducción gráfica del pondus encontrado en Titulcia atribuido a la familia Licinia (Fuente: Titulcia en época romana: una visión de conjunto-Zona Arqueológica 20-Vol 1)
Localización de las lápidas
Si hacemos caso a los detalles apuntados por el párroco morateño en el siglo XVI, todo apunta a que las lápidas donde aparecían las inscripciones habrían aparecido en un antiguo enterramiento localizado en las proximidades de Heza, un paraje que, no es extraño, está muy próximo al yacimiento arqueológico de origen romano localizado en las labores de prospección arqueológica del término municipal de Morata al que nos referíamos en el capítulo II de esta serie.
Heza –y Villaverde- fueron dos núcleos de población, dos pequeñas aldeas situadas entre Morata y Chinchón que estuvieron pobladas hasta la Alta Edad Media. Situadas en las proximidades de la vega y muy próximas al cauce del río, cuando el cura Mexía se refiere a Heza ya eran despoblados de los que sólo se conservaba el nombre con el que se identificaban estos parajes (Actualmente aún aparecen referencias a la vega de Villaverde y a Heza y Valdeza).
La existencia de los yacimientos arqueológicos de origen romano confirma, por tanto, que, en este periodo histórico, en estos parajes de Heza, o Valdeza, se levantaría alguna villae romana de la que procederían las lápidas funerarias con las inscripciones latinas de las que habló el doctor Mexia:
(…) en un despoblado que se llaman Heza, término de la villa de Chinchón, hay tras ruinas y señales de otro castillo casi de la misma amanera, y toda la tierra intermedia el valle abajo, a la falda de los montes que están hacia septentrión está todo lleno de cimientos y de cascotes de tejas, y se han hallado algunas piedras labradas con molduras, y otras escritas con letras góticas, romanas en lengua latina, y una de ellas está puesta en la torre de la dicha villa, en la cual está puesta una D romana en la parte alta, y luego escrito un verso que dice Licinia, y lo demás no se puede leer, y en el edificio bajo de la dicha torre hay otras muchas piedras con señales que han sido trabadas con plomo, por lo cual y según la fama que hay la dicha piedra que dice “Licinia.
Que estas piedras o lápidas acabaran formando parte de los muros de la iglesia de Morata, como afirma Antonio Canto en su libro sobre la provincia de Madrid resulta comprensible. La costumbre de aprovechar los restos de otras construcciones para levantar nuevos edificios habría permitido que las antiguas lápidas funerarias romanas, una vez abandonados los antiguos poblamientos de origen romano y medieval. pasaran a formar parte de la antigua torre de la iglesia de Morata. Esta permaneció en pie hasta la guerra civil y fue sustituida por el actual campanario sin que, lamentablemente, sea ya posible conocer adónde fueron a parar las antiguas lápidas romanas.




Fuentes y bibliografía
  • Onomástica y sociedad en la epigrafía latina antigua de la Comunidad Autónoma de Madrid (Onomastics and Society in the ancient Latin Epigraphy of Madrid Autonomous Region). Royo Martínez, María del Mar. Revista Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 23, 2010, págs. 369-394.
  • Inscripciones Latinas de la Comunidad de Madrid (Siglos I–VIII). María Ruiz Trapero. Comunidad de Madrid. Consejería de educación. Madrid, 2001.
  • Testimonios escritos sobre la muerte en el Madrid romano: las inscripciones funerarias del Museo Arqueológico regional de la Comunidad de Madri8d.Royo Martínez, María del Mar. Unversidad Complutense de Madrid.
  • The Forgotten Inscriptions of Morata de Tajuña (Las inscripciones olvidadas de Morata de Tajuña). Curchin, Leonard. Ateneo. Serie Nuova-Vol LXXXIII. Fascicolo II. Universita de Pavia. Como Edizioni New Press, 1995.
  • Guía de la Provincia de Madrid. Canto Téllez, Antonio. Diputación Provincial de Madrid. Madrid, 1958.



miércoles, 27 de septiembre de 2017

El pasado de la civilización romana en Morata (II)


La presencia de la civilización romana en las tierras de la Carpetania -y en particular en la comarca de la Vega Baja del Tajuña y en el término municipal de Morata- se entiende sobre todo a partir del trazado de las vías o calzadas romanas que comunicaban las ciudades más importantes de la península ibérica durante esa época histórica que se inicio alrededor del año 182 a. C. año en el que comienza la romanización de estas tierras.
Por lo que hoy constituye el territorio de la Comunidad de Madrid discurrían varias de estas calzadas romanas, descritas en el conocido como Itinerario de Antonino. Este texto, redactado en el siglo III, y del que se conservó una copia del siglo siguiente que es la que llegó hasta nosotros, incluye el trazado de estas vías de comunicación del imperio romano con sus correspondientes mansiones (lugares de parada oficial en el itinerario) y las distancias entre las distintas mansiones que conformaban el recorrido expresadas en millas.
En lo que afecta a nuestra comarca tres de estas vías atravesaban el territorio o sus proximidades:
  • Via XXIV - Calzada entre Segovia y Toledo que pasaba por Titulcia una de las mansiones del recorrido.
  • Vía XXV - Calzada entre Toletum (Toledo), Titulcia y Complutum (Alcalá de Henares), como parte del trazado que unía las ciudades romanas de Emérita Augusta (Mérida) y Cesar Augusta (Zaragoza).
  • Calzada que unía las ciudades de Segobriga y Complutum (Alcalá de Henares) pasando por Caraca (Carabaña).
En relación a Morata y su término municipal, resulta de especial importancia e influencia el trazado de la vía XXV, la que unía Mérida y Zaragoza. La publicación especializada en caminería histórica El nuevo Miliario reproduce estos itinerarios y en esta via aparecen citadas ciudades como Caesarobriga (Talavera de la Reina) y otros municipios actuales como Montearagón, Cebolla, Carmena, Gerindote o Bargas. El texto de El nuevo miliario continúa:
Al Este de Bargas, en dirección a Complutum, el camino sigue por Olías y Magán a coger el Cordel de las Merinas, que por Villaseca, Alameda, Borox y Seseña nos lleva al cruce del Tajo, posiblemente por Bayona-Titulcia, para, por la orilla derecha del bajo Tajuña y Morata, como propone Stylow (STYLOW y VON HESBERG, 2004), llegar al miliario de Valtierra [Cerca de Arganda] y a Complutum.
Respecto a la vía que unía Cartagena (Cartago Nova) con Complutum por Segobriga (Saelices) y que discurría por el entorno de Carabaña, José Enrique Benito López señala que el trazado de esta calzada explicaría la concentración de hallazgos [romanos] en la zona de Carabaña, aunque también quepa señalar otra concentración menor, correspondiente tal vez a un ramal de enlace, en el término de Perales, aprovechando las áreas de óptima habitabilidad del valle.
En la prospección arqueológica que se realizó en la década de los 90 del pasado siglo José Enrique Benito López cuantifica 19 yacimientos de origen romano en la Vega Baja del Tajuña y 10 hallazgos aislados. Entre esos yacimientos cita, entre otros, el de una villa bajo imperial en Carabaña (Santa Lucía), restos de un puente (La Venta I) y una presa de procedencia romana en el Arroyo del Villar de Ambite.
Respecto a estos yacimientos y los que analizaremos también entre los localizados en el término municipal de Morata, José Enrique Benito López indica que estos hallazgos son consecuencia del aumento demográfico que se produjo en este periodo histórico y que se materializó en pequeños núcleos de tipo rural, nunca de tamaño superior al de pequeño castro, pues todo este valle debió verse progresivamente absorbido dentro del territorio de Cpmplutum, cuyo papel predominante llegaría aparentemente hasta la zona del Tajuña inferior.
Trazado de las calzadas romanas a su paso por la Comunidad de Madrid y situación de Titulcia como nudo central

Tipos de poblamiento y yacimientos romanos en Morata
Como norma general, el tipo de poblamiento que caracteriza a este periodo de la dominación romana se asocia con una tendencia a ocupar zonas próximas y más cercanas a las tierras de regadío, en las vegas del Tajuña, en detrimento de los asentamientos en ladera y en alto que caracterizaron a momentos históricos anteriores. También se aprecia cómo la acción del hombre sobre el medio se incrementa sobre todo a partor de la existencia de las calzadas que permitirán una más amplia y mejor comunicación con los territorios y ciudades cercanas, especialmente Complutum (Alcalá de Henares) lo que propicia a su vez el intercambio de productos entre una zona agrícola como la vega del Tajuña y la zona urbana como complutense.
La importancia agrícola de las vegas y el interés por explotar estos terrenos más fértiles y productivos se manifiesta en la existencia de las llamadas villaes, centros de producción agrícola para abastecer a los núcleos urbanos más próximos que, como en el caso de la actual Alcalá de Henares, se encontraba a escasos 30 kilómetros del valle. Al menos una de estas villae, se han encontrado en el entorno de Morata
Como resultado de las prospecciones arqueológicas del proyecto Tajuña en lo que hoy es el término municipal de Morata de descubrieron dos yacimiento pertenecientes al periodo romano y otro hallazgo que se considera aislado. Como sucede en el resto de yacimientos de la Vega del Tajuña adjudicados por los investigadores al periodo romano, estos se localizan preferentemente en las terrazas bajas del valle, confirmándose la tónica general que se observaba en el resto del valle de preferencia por la vega frente a la ladera, lo que indicaría que se trata de pequeños enclaves agrícolas.
Camino de las Jarras
Consiste en un conjunto aislado en el que se encontraron cerámicas pertenecientes a la Edad del Hierro y a la Época romana. Los restos se localizaron sobre una terraza situada en la zona de la vega de la margen derecha del río Tajuña y a 500 metros del paraje conocido como Barranco de las Carabinas, que proporciona intermitentemente agua. Entre los restos localizados se citan fragmentos de cerámica a torno lisa y cerámica a torno decorada.
Balcón de Pilatos II
Este yacimiento se localizó en el margen izquierdo del río Tajuña y corresponde a un enclave en el que aparecieron restos arqueológicos pertenecientes al periodo Calcolítico, Segunda Edad del Hierro, romano y, por último, bajo medieval.
Situado en un cerro, el yacimiento ocupa una extensión de alrededor de 6 hectáreas (350 metros en sentido Norte-Sur y 175 metros en sentido Este-Oeste) en el que se recuperaron materiales líticos y cerámicos y en el que también se conservaron restos de un antiguo muro o muralla de unos 10 metros de largo y un metro de ancho.
La Albilla
Este yacimiento se localizó en el término municipal de Chinchón pero muy próximo al límite con el término de Morata y durante los trabajos de prospección realizados en nuestro pueblo. Este yacimiento, en el que también aparecieron restos de origen islámico y medieval, se sitúa sobre una pequeña elevación del terreno muy próxima a la vega del Tajuña y con una extensión aproximada de 7 hectáreas (200 metros en sentido Norte-Sur y 350 metros en sentido Este-Oeste). Los restos encontrados se corresponden con una antigua villae romana. Entre estos restos hay que destacar la presencia de cerámica lisa elaborada a mano, fragmentos lisos, decorados y vidriados de cerámica realizada a torno, fragmentos de cerámica tipo terra sigillata y una pesa perteneciente a un telar
Este último yacimiento de origen romano, por su localización, debería estar relacionado con los hallazgos de lápidas romanas con inscripciones en latín de las que trataremos en la próxima entrega el blog.


Fuentes y bibliografía:
  • Estudio Territorial en el Valle del Tajuña (Madrid), una aproximación arqueológica. José Enrique Benito López-Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2016.
  • Almagro Gorbea, M. y Benito, J. E. (1993): La prospección arqueológica del valle del Tajuña. Una experiencia teórico-práctica de estudio territorial en la Meseta. Complutum, 4.
  • El nuevo miliario. Boletín sobre vías romanas, historia de los caminos y otros temas de geografía histórica. Número 4-Junio de 2007-Algunos apuntes sobre el posible trazado de las vías romanas en la Comunidad de Madrid. Jesús Rodríguez Morales.

martes, 19 de septiembre de 2017

El pasado de la civilización romana en Morata (I)


Los carpetanos, habitantes de la región central de la península ibérica, no asistieron impasibles a la llegada a su territorio de las legiones romanas. Sin embargo, pasados los primeros conflictos armados, la región fue poco a poco romanizada alrededor del siglo II a. C., lo que dio lugar a la construcción en el entorno de Morata de distintas villaes, localizadas en la vega del Tajuña, cerca de las calzadas romanas que discurrían en las proximidades del término municipal. Esta presencia de Roma se materializó en los restos arqueológicos de edificios, de los que existe constancia documental, al menos, desde el siglo XVI y en las inscripciones latinas halladas en lápidas romanas que analizaremos en las próximas semanas.


La Carpetania ocupó la región central de la península ibérica en un territorio articulado en torno a la cuenca del río Tajo y sus principales afluentes, entre ellos el Jarama, el Henares y el Tajuña. Sus tierras ocupaban parte de lo que hoy son las provincias de Toledo, Guadalajara, Cuenca y la práctica totalidad de la comunidad autónoma de Madrid. Antes de la llegada de los ejércitos romanos, las tribus carpetanas hubieron de hacer frente a los cartagineses. No es casual que estas invasiones de sus territorios fueran el origen de la aparición en las tierras carpetanas de poblados amurallados y situados en lugares estratégicos que permitieran una defensa más fácil.
Tras las guerras púnicas y la expulsión de los cartagineses los carpetanos, cuyo territorio ocupaba las fronteras entre las provincias hispanas, la ulterior y la citerior, hicieron frente a los ejércitos romanos en las cercanías de Toletum (Toledo) y Auebura (Talavera de la Reina), según nos cuenta el historiador romano Tito Livio que también relata la llegada del ejercito mandado por Fulvio Flaco que establece su campamento en Aebura y logra la conquista de Contrebia (Huete).
La Carpetania, por su situación geográfica, paso a convertirse en tierra de frontera entre las dos provincias romanas y en el territorio que comunicaba el valle del Ebro con las tierras del sur de la península. Este carácter de tierra de paso sería también determinante para que por el entorno de la vega del Tajuña discurrieran varias calzadas que comunicaban algunas de las ciudades romanas más importantes de la península Ibérica.
Una vez pacificada, hacia el siglo II a. C, se iniciaría el proceso de romanización de la Carpetania, una tierra que, en contraste con otros territorios vecinos, era una región muy fértil y apropiada para el cultivo de cereales, vid y olivos. Estas buenas condiciones para la agricultura serían aprovechadas por los habitantes de la antigua Carpetania para abastecer a Toletum y Complutum, las dos ciudades que prosperaron en este momento histórico y que se comunicaban entre si por las calzadas romanas que discurrían cerca de Morata.

 
Territorio ocupado por la Carpetania

Referencias documentales a la civilización romana en Morata
Las primeras referencias a la presencia de la civilización romana en el entorno de Morata aparecen en las respuestas que los responsables de la villa ofrecieron al rey Felipe II cuando éste ordenó elaborar las llamadas Relaciones Topográficas en el último tercio del siglo XVI.
En la escueta respuesta que Juan Ramírez Ladrón de Ocariz y Bautista Sánchez Paz dieron el 6 de diciembre de 1579 al capítulo 31 de las Relaciones Topográficas afirmaron que (…) desde la dicha villa de Morata, hacia el poniente hay rastro de haber habido muchos edificios en trecho de tres mil varas medidas, porque labrando las tierras se han hallado y descubierto cimientos de piedra, teja y ladrillo y algunas monedas antiguas, de las cuales se han ido las letras.
Afortunadamente, en una nueva redacción del cuestionario real, en esta ocasión realizada por el doctor Mejía, cura de la iglesia parroquial de Morata, las respuestas, transcritas en un documento que lleva fecha de 18 de agosto de 1580, son mucho más concretas y permiten identificar documentalmente los restos arqueológicos procedentes de los años de dominación romana en Morata y en el entorno de la vega del Tajuña. En el apartado correspondiente al capítulo 1 del cuestionario, el doctor Mejía afirma que (…) media legua de la vega abajo, que es la poniente, en un despoblado que se llaman Heza, término de la villa de Chinchón, hay tras ruinas y señales de otro castillo casi de la misma amanera, y toda la tierra intermedia el valle abajo, a la falda de los montes que están hacia septentrión está todo lleno de cimientos y de cascotes de tejas, y se han hallado algunas piedras labradas con molduras, y otras escritas con letras góticas, romanas en lengua latina, y una de ellas está puesta en la torre de la dicha villa, en la cual está puesta una D romana en la parte alta, y luego escrito un verso que dice Licinia, y lo demás no se puede leer, y en el edificio bajo de la dicha torre hay otras muchas piedras con señales que han sido trabadas con plomo, por lo cual y según la fama que hay la dicha piedra que dice “Licinia” parece haber sido juntamente con todas las otras de algún enterramiento de gentil o edificio, y que aquel nombre de Licinia debía de ser el nombre de la dicha ciudad, la cual a sus dioses por la dicha D significados le ofrecían o dedicaban el dicho edificio.
Las referencias al periodo histórico de la dominación romana se completan con la respuesta al capítulo 31 del cuestionario en la que, nuevamente, el doctor Mejía se muestra mucho más explícito que los redactores de las primeras relaciones:
Capítulo 31: (…) y en cuanto a los rastros de los edificios antiguos de la dicha villa, epitafios, letreros y antiguallas de ella se remite a lo que tiene dicho en el primero capítulo y demás de lo allí contenido, dice que vio habrá treinta años que un vecino de la dicha villa descubriendo en cimiento sacó unas letras escritas con letras góticas que decía et MINICIUS HEREDES, y se han hallado algunas monedas en el término de la dicha villa, una de Mario y otras de Julio César y de Constantino Magno y de otros emperadores, de bronce y de plata y de oro.
En ambas respuestas el cura párroco hace referencia a los restos de edificaciones y monedas y también a las inscripciones de sendas lápidas* que certifican la presencia en Morata y sus proximidades de familias de origen romano.
Juan de Diego Arribas, en su historia de Morata, publicada en 1891 en la Crónica e la Provincia de Madrid, también hace una pequeña referencia a restos arqueológicos de origen romano:
(…) Las sepulturas y restos romanos hallados hace muy pocos años junto á las tapias del cementerio y en algunas eras contiguas al pueblo, dan pruebas evidentes de que este pueblo fue habitado durante la dominación romana, y por eso es de suponer no vayan muy descaminados los que afirman que es de fundación antiquísima.
Finalmente, un autor del siglo XIX, Juan Agustín Cean Bermúdez, también recoge la existencia de estos restos de origen romano en un texto que, claramente, está documentado en las respuestas que en el siglo XVI ofreció el doctor Mejía a las Relaciones Topográficas:
Morata, villa de Castilla la Nueva en la provincia de Toledo, partido de Ocaña. Conserva restos de haber sido pueblo antiguo de los carpetanos. Años pasados, estando arando allí cerca unos labradores descubrieron cimientos de edificios romanos, pedazos de ladrillos grandes y de tejas de varias formas, y varias monedas de emperadores. En el despoblado que llaman Heza, y está en su término, existen las ruinas de un castillo acia [sic] poniente, camino de Chinchón; y torciendo al norte, piedras labradas con molduras, y algunas inscripciones muy mal tratadas [sic], en las que solamente se puede leer Licinia, nombre de mujer, que aquellos naturales creen haber sido el nombre antiguo de la villa.

Publicación de 1832 que hace referencia a los restos romanos localizados en Morata

Todas estas referencias a la presencia de la civilización romana en Morata y su entorno se verán confirmadas cuando en el siglo XX y XXI se realicen las prospecciones arqueológicas que sacarán a la luz yacimientos romanos en el entorno del paraje de Valdeheza, consistentes en los restos de una villae, próxima a las calzadas romanas que comunicaban Toletum (Toledo) con Complutum (Alcala de Henares) pasando por el cruce de caminos que en ese periodo histórico era la vecina villa de Titulcia



*Estas inscripciones latinas serán objeto de un post en próximas entregas del blog.

Fuentes y bibliografía
  • El inicio de la romanización en la región madrileña: nuevas perspectivas para la investigación. Azcárraga Cámara, Sandra. Revista Zona Arqueológica (Número 17). 1er simposio sobre los carpetanos, arqueología e historia de un pueblo de la Edad de Hierro. Alcalá de Henares, 2014.
  • Historia de la villa de Morata de Tajuña-Torre Briceño, Jesús Antonio. Ayuntamiento de Morata de Tajuña, 1999.
  • Morata de Tajuña. Crónica de la provincia de Madrid. Arribas, Juan Diego. Imprenta de la Diputación Provincial-Madrid, 1891.
  • Sumario de las Antigüedades romanas que hay en España, en especial las pertenecientes a las Bellas Artes. Cean Bermúdez, Juan Agustín. Imprenta de D. Miguel de Burgos. Madrid, 1832.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La posada de la plaza de Morata


A finales de los años 60 del pasado siglo dejó de funcionar y de prestar servicio a los viajeros que llegaban a Morata la posada de la plaza. Adosada a la fachada lateral derecha del ayuntamiento, la vieja posada dio techo y comida a viajantes y trajineros, al menos, desde mediados del siglo XVIII. En estos años ya consta su existencia –junto a otra posada situada también en la fachada trasera del ayuntamiento-. Esta es la historia de los más doscientos años de este establecimiento morateño.


La posada de la plaza de Morata ya existía, al menos, desde mediados del siglo XVIII. Estos establecimientos públicos eran imprescindibles en todas las villas y ciudades para albergar a los viajeros que llegaban a las poblaciones. Además de posadas solían también prestar servicio como mesones o tabernas. De hecho, en el Catastro de Ensenada ya se registran dos mesones, ambos propiedad del conde Altamira, titular del señorío de Morata.
En el libro de cotejo de la casas existentes en Morata en el año 1751, fecha de elaboración del catastro, se incluyen los dos mesones o posadas, ambos arrendados por su propietario y por los que (...) pagan sus arrendatarios por el uno setecientos reales de vellón y por el otro setecientos y cincuenta en cada año. 

Documento del AHN en el que aparecen  los gastos de las obras de la posada de Morata
 
En la documentación del catastro también aparecen los nombres de los vecinos de Morata que se ocupaban de gestionar estos establecimientos públicos:
Que Joseph Berenjeno en su oficio de mesonero ganará en cada un año mil y cien reales y Joseph Carrascosa en la misma profesión no se le puede considerar utilidad alguna por ser el mesón que tiene incomodo para las gentes, estar desacreditado y arrendado en más precio de lo que produce.
Joseph Berenjeno, de 60 años -que en la relación de vecinos de Morata figura como casado con María Varela, de 56 años, con la que tiene 3 hijos-, era el arrendatario del mesón de la plaza, mientras que Joseph Carrascosa figuraba como arrendatario del mesón del Camino Real a San Martín –actual avenida de la Constitución-, situado a la espalda del edificio del ayuntamiento y, por lo que se afirma en el catastro, en mal estado y desacreditado entre los vecinos.
Obras de mejora en la posada
El edificio de la posada de la plaza permaneció en el patrimonio de los condes de Altamira hasta bien entrado el siglo XIX tal como atestigua un documento del año 1846. En esa fecha, los titulares del señorío ya habían enajenado la mayor parte del patrimonio inmobiliario que llegaron a poseer en Morata para pagar las numerosas deudas de la Casa de Altamira pero, en el caso concreto de la posada de la plaza, aún seguía siendo de su propiedad.
El documento al que nos referimos pertenece al Archivo Histórico Nacional (Baena, C.430, D,345-356) y lleva fecha de 1846. En ese año, el administrador de los bienes de la Casa de Altamira en Morata era José Robledo. Como tal administrador, Robledo supervisó los distintos gastos que se realizaron para llevar a cabo unas obras de mejora en la posada.
En concreto el maestro alarife encargado de las obras recoge que los trabajos se detuvieron el día 30 de agosto (…) por hallarse la obra en la parte que cae a la plaza pública donde va a correrse la novillada ha habido necesidad de parar los cuezos [del yeso necesario para la obra].

Fachada de la posada de la plaza de Morata durante la celebración de un espectáculo taurino (Fuente: grupo de facebook Morata de Tajuña (Madrid) ayer y hoy) 
En la relación de gastos de esa semana, firmada por el maestro albañil encargado de la misma, Cesáreo Jiménez, se recogen los jornales pagados a los obreros encargados de cocer el yeso (6 reales), recoger la leña para el horno (5 reales) y el precio de las tejas para el tejado de la posada (18 reales el centenar). En el documento también aparecen los gastos a pagar al carpintero, José Mora, y al herrero, Domingo Bravo.
De una nueva relación de gastos que aparece en el documento del Archivo Histórico Nacional se deduce que las obras de mejora de la posada estuvieron paradas hasta el día 10 de septiembre (…) hasta cuyo día ha estado parada a causa de estar ocupado el exterior de ella y de la casa próxima con los tendidos para la novillada, dando principio por desmantelar el pajar viejo para hacer el portalón y poner las puertas para uso de carruajes.
Según esta relación de los responsables de las obras estas consistían en poner nuevas puertas para el paso de carruajes y desmantelar uno de los pajares para añadirlo al portalón de entrada. En sucesivos apuntes de las cuentas aparecen los gastos de los carpinteros y las maderas de Cuenca para el tejado. Además también figura el importe (…) por las cuatro puertas para los carros (para la calle y corral) construidas por el carretero y satisfechas a él mismo que lo firma 1.600 reales.
En el documento, cuyo último asiento es del 2 de noviembre de 1846, se van reflejando los gastos asociados a las obras. En total 12.089 reales, invertidos (…) para abrir y colocar las puertas, rellenar las tapias y arreglar el piso del portalón (…), y queda concluida la obra precisa y necesaria para la entrada y salida de carruajes y de mejor uso y disfrute de la posada con arreglo a la orden de 17 de febrero comunicada a esta administración este objeto y para los efectos convenientes lo firmamos en Morata a 2 de noviembre de 1846.
El maestro Alarife: Cesáreo Jiménez
El carpintero: José Mora
El maestro carretero: Justo Cañaveras.

Otra imagen de la posada de la plaza de Morata durante el montaje de la plaza de toros.(Fuente: grupo de facebook Morata de Tajuña (Madrid) ayer y hoy).
 
Cambio en la propiedad de la posada
Entre este documento de 1846, que recoge el dinero invertido en cambiar las puertas de la posada, mejorar el paso de carruajes y el portalón, y arreglar los tejados y tapias de la vieja posada, y el siguiente documento que hemos encontrado referido a la posada de la plaza se produce un cambio fundamental: en 1869 la posada ya no pertenece a la Casa de Altamira. En algún momento entre 1846 y 1860 se produjo este cambio en la titularidad. El Diario Oficial de Avisos de Madrid del 12 de noviembre de 1869 publicaba el siguiente anuncio:
En virtud de providencia del señor juez de primera instancia del distrito de La Latina de esta capital refrendada de mi el escribano, se saca a pública subasta una casa posada, está en la plaza pública de la villa de Morata de Tajuña, correspondiente a los hijos menores de Dª Dionisia Cardeña, que comprende un área de 12.637 pies y medio superficiales, y se compone de piso alto y bajo, habiendo sido tasada en la cantidad de 6.437 escudos 200 milésimas a rebajar cargas por la que se saca a publica subasta, no admitiéndose postores que no cubran la tasación.
Y para su remate se ha señalado el día 4 de diciembre próximo y hora de las doce y media de la mañana en dicho juzgado y en el de Chinchón (…) Madrid, 6 de noviembre de 1869.
Esta primera subasta debió de quedar desierta, ya que unas semanas más tarde de nuevo el Diario Oficial de Avisos de Madrid, del 30 de enero de 1870, publica un nuevo anuncio de subasta en el que se rebaja el precio de salida de la posada:
Por providencia del señor juez de primera instancia de La Latina de esta capital, fecha de ayer, refrendada del infrascripto escribano, se saca a pública subasta una casa posada sita en la villa de Morata de Tajuña, partido judicial de Chinchón, que tiene 12.637 pies y medio superficiales, y ha sido retasada en la cantidad de 5.300 escudos, por la que se saca a subasta, no admitiéndose posturas que no cubran el precio de la retasa. (…) Y para que tenga efecto la subasta en esta capital y en el juzgado de Chinchón se ha señalado el 22 de febrero próximo venidero y hora de las doce y media de la mañana.
Madrid, 28 de enero de 1870
Por el texto del anuncio, en el que se recoge la extensión de la finca sacada a subasta, 12.637 pies cuadrados, equivalentes a 1.174 metros, se puede deducir que a la posada de la plaza se unió la otra posada propiedad de la casa de Altamira, situada a espaldas del Ayuntamiento y que, finalmente, paso a formar parte de la casa consistorial, segregándose de la propia posada de la plaza.
En cualquier caso, esta posada continuó funcionado y prestando servicio a los viajeros y carreteros que llegaban a Morata. En distintas publicaciones de finales del siglo XIX y principios del XX, aparecen las distintas posadas que funcionaban durante esos años en Morata, entre ellas la de la plaza:
Año 1886
  • Casado, Ambrosio
  • Casado Robles, Tomás
  • López, Blasa
Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración (año1886)

Año 1904
  • De Casado, Antonio de la Torre
  • De la Plaza, Francisco Algarra
  • De Picazo, Diego Roldán
Anuario Riera (Año 1904)

Año 1905
  • De Casado, Antonio de la Torre
  • De la Plaza, Eladia Montes
  • De Picazo, Diego Roldán
Anuario Riera (Año 1905)

Año 1908
  • Casado (Guillermo)
  • Sánchez (Manuel).
Anuario Riera (Año 1908)

Según estas publicaciones, la antigua posada, que durante la mayor parte de su existencia había pertenecido a los condes de Altamira, en esos años de comienzos del siglo XIX fue propiedad, sucesivamente, de Blasa López, Francisco Algarra, Eladia Montes y Manuel Sánchez


Fuentes y bibliografía:
  • Archivo Histórico Provincial de Toledo. Sección Hacienda. Catastro de Ensenada. Libros maestros y respuestas generales de Morata de Tajuña. Bienes de Eclesiásticos. H 408 y  H. 410.
  • Morata de Tajuña, según el Catastro de Ensenada-Miranzo Sánchez-Bravo, Agustín-Bubok, 2011.
  • Archivo Histórico Nacional (Baena, C.430, D,345-356)
  • Publicaciones y periódicos citados en el texto.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Morata en la prehistoria, primeros pobladores en el Valle del Bajo Tajuña (Epilogo)


Epílogo

Durante las últimas semanas hemos analizado en las sucesivas entregas del blog los patrones de poblamiento que siguieron los primeros humanos que eligieron el Valle del Bajo Tajuña para vivir. Para realizar este trabajo nos hemos valido de varias tesis doctorales que tenían como objeto estudiar el pasado del Valle Medio del Tajo en general y, en particular, el Valle del Tajuña en su tramo correspondiente a la comunidad autónoma de Madrid.
Gracias a estos trabajos académicos, que aparecen en la bibliografía de cada una de las entregas del blog, hemos visto como desde, al menos, el periodo del Neolítico los seres humanos eligieron la comarca natural del Bajo Tajuña para buscar recursos de subsistencia levantar sus poblados.
Isabel-Kenia Muñoz López-Astilleros en su tesis doctoral, El poblamiento desde el Neolítico a la I Edad del Hierro en la cuenca media del Tajo, plantea en las conclusiones de la misma un esquema general que resume estas pautas de poblamiento y explotación de los recursos en el periodo prehistórico para la zona geográfica del Tajo Medio, en la que se incluye la Vega Baja del Tajuña:

  • Neolítico (4.000-3.500 a. C.) Explotación de la ganadería y poblamientos seminómadas.
  • Calcolítico-Transición Bronce (3.000-2.000 a. C.). Predominio de la ganadería y de los poblamientos temporales. Inicio de la agricultura y aumento de la presión demográfica.
  • Bronce pleno-Bronce final (2.000-1.500 a. C.) Aparecen los primeros indicios y conatos de sedentarización que coinciden con el crecimiento de la explotación de los recursos agrícolas. Aparecen los primeros sistemas defensivos en los asentamientos así como los espacios de almacenaje y acumulación de los excedentes agrícolas. Estos excedentes estarían relacionados con la mejora de los sistemas de cultivo en las vegas y la posible aparición de los primeros arados primitivos.
  • Transición Bronce pleno-Bronce final. (1.500-1000 a. C.) En este periodo a un retroceso demográfico en su inicio le sucede un aumento de la presión demográfica.
  • Primera Edad del Hierro (1.000-500 a. C.). Se consolida la presión demográfica junto con la creciente importancia de la agricultura en las vegas. Se generan excedentes que hay que almacenar y que propician los intercambios comerciales con otras zonas geográficas. La localización de los poblados obedecen en este periodo a factores estratégicos que buscan favorecer los sistemas defensivos. Con las avances en la agricultura (rotación de cultivos y mejoras en los arados) se consolida la sedentarización que será el germen de los núcleos de población que han llegado hasta nuestra época.
Restos arqueológicos localizados en el paraje de Valdelahiguera. (Fuente: Estudio territorial en el Valle del Tajuña, una aproximación arqueológica. José Enrique Benito López. Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2016

Según este esquema de la evolución del poblamiento en el Valle Medio del Tajo, aplicable a nuestra comarca, la influencia del río y las posibilidades de explotación agrícola que ofrecía a sus pobladores fue determinante a la hora de elegir este territorio para vivir. En este sentido, resultan muy apropiadas las palabras de José Enrique Benito López cuando en su tesis Estudio territorial del Valle del Tajuña, una aproximación arqueológica señala que:
El Valle del Tajuña madrileño es un ejemplo evidente del condicionamiento geográfico. Así, se observa como la población ha buscado los lugares más idóneos para asentarse, de tal forma que los cascos urbanos de los actuales municipios del Tajuña se ubican sobre el valle del río a una altura algo superior al río para evitar sus inundaciones y se sitúan en la margen derecha del río, al saliente, para resguardarse de los vientos del Norte y tener mayor nivel de insolación. Al mismo tiempo, se han asentado próximos al río para aprovechar su agua tanto a nivel económico (riego de cultivos agrícolas, dar de beber al ganado) como humano (consumo).

Este investigador indica también que:
(…) el esquema del poblamiento que se obtiene de la distribución cronológico-cultural dentro de las unidades geográficas en el Valle del Tajuña, independientemente de que en algún caso pueda atender a caracteres de diverso tipo (defensivo, etc.), creemos que atiende a una relación eminentemente medio-ambiental entre los grupos humanos y el territorio. Por todo lo cual, los sitios se sitúan en los lugares óptimos del territorio para el control de este y su aprovechamiento, y estos lugares son principalmente las zonas de laderas y sus bordes tanto por la parte de vega como por la zona del páramo.
Estas conclusiones del investigador de la Universidad Complutense de Madrid, autor de la tesis que ha servido de base a muchos de los contenidos de las entradas del blog sobre el periodo de la prehistoria en Morata, se basan como es lógico en el análisis de los resultados de los trabajos de prospección arqueológica de los municipios que integran la Vega Baja del Tajuña que permitieron la localización de 528 sitios arqueológicos, de los que 259 fueron considerados yacimientos y 269 sitios aislados. En el caso de Morata estos trabajos de prospección dieron como resultado la localización de 58 sitios arqueológicos, 13 de ellos considerados yacimientos y el resto, 45, hallazgos aislados.
En base a estos resultados, la elección para la localización de los asentamientos humanos de las laderas de la margen derecha del río Tajuña, protegidas de los vientos fríos del norte y lo suficientemente alejadas de las zonas de inundación de la vega, son aspectos en los que coinciden todos los investigadores que han estudiado la comarca de la Vega del Tajuña en el tramo por el territorio dela Comunidad de Madrid. De ahí que no resulte casual que la mayoría de los yacimientos localizados en la comarca durante los trabajos de prospección arqueológica se sitúen lógicamente en las laderas –hasta el 73 por ciento de los mismos- y sean mucho menos abundantes en el páramo o llano y en la propia vega del Tajuña.
En el caso de Morata, pero también el resto de los municipios vecinos, este patrón de poblamiento del territorio se hizo especialmente patente a partir del periodo de la Edad del Hierro y, como resulta obvio, ha llegado hasta nuestros días: es en los parajes de Valdelahiguera, la antigua Dehesa Carnicera y el Camino de los Arrieros donde se han localizado restos arqueológicos que denotan poblamientos estables y de mayor superficie. Estos parajes, localizados al este del término municipal, comparten con el actual emplazamiento del casco urbano de Morata las mismas características físicas y geográficas: protegidos de los vientos del norte y situados por encima de las llanuras de inundación del río, su elevación sobre la vega permitía un control de los accesos a la misma y mayores y mejores posibilidades de defensa de los poblamientos humanos.
Son estas pautas de poblamiento las que caracterizaron los asentamientos humanos en nuestra comarca, y en Morata, hasta que se produjo la llegada de los romanos, cuando el territorio estaba ocupado por el pueblo carpetano, periodo que analizaremos en próximas entregas del blog.


Fuentes y bibliografía:
  • Benito López, José Enrique. Estudio Territorial en el Valle del Tajuña (Madrid), una aproximación arqueológica. - Departamento de Prehistoria de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2015.
  • Almagro Gorbea, M. y Benito, J. E. La prospección arqueológica del valle del Tajuña. Una experiencia teórico-práctica de estudio territorial en la Meseta. Complutum, 4. Madrid, 1993.
  • Rosa, R. de la y Almagro, M. Prospección arqueológica del Valle del Tajuña: Morata de Tajuña. Estudios de prehistoria y arqueología madrileñas. Madrid, 1991.
  • Catalogo de la exposición “El cerro de La Gavia: el Madrid que encontraron los Romanos”. Museo de San Isidro. 14 de junio-25 de septiembre de 2005. El Cerro de la Gavia y los recintos amurallados del Hierro II en el centro de la Península. Dionisio Urbina Martínez y Jorge Morín de Pablos.
  • Urbina, Dionisio. Cuevas artificiales del Hierro II en la cuenca media del Tajo. Estudios de prehistoria y arqueología madrileñas.
  • Urbina, Dionisio. Espacio y cultura material del Hierro II en la Mesa de Ocaña. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1997.
  • Torres Rodríguez, Jorge de. La tierra sin límites: territorio, sociedad e identidades en el valle medio del Tajo (S. IX-I a. C.). Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2012.
  • Covetes dels Moros coves finestra en el Xarq Al-Andalus Arqueologia de les coves penjades artificials valencianes-Agustí Ribera i Gómez. Tesis Doctoral-Departament de Prehistoria, Arqueologia, Història Antiga, Filologia Griega i Filologia Latina-Facultad de Filosofía y Letras. Alicante, 2016.