martes, 20 de junio de 2017

Morata en tiempos del cólera (III)



La epidemia de 1855 en Morata

Tras el virulento brote epidémico de cólera que se desarrolló durante el verano de 1834 -recordemos que se contabilizaron 119 fallecimientos-, Morata y otros pueblos de la comarca también se vieron seriamente afectados durante la epidemia que se declaró en 1855.
En la provincia de Madrid los primeros casos detectados se sitúan en torno al 11 de mayo. Para el mes de septiembre las autoridades ya daban por superada la emergencia sanitaria provocada por el cólera.
Como sucediera en 1834, los periódicos informaban puntualmente de los casos declarados en los municipios y en Madrid capital. Uno de estos periódicos, El León Español, recogía a mediados de julio los partes sanitarios de esos días en varios pueblos de la comarca de la ribera del Tajuña y en la ciudad de Madrid:
Curso del cólera-morbo:
Según los partes sanitarios oficiales, el 17 de julio hubo en Madrid 46 invadidos del cólera-morbo, de los que fallecieron 40, y 7 de los que ya estaban enfermos, habiéndose curado 8. En Aranjuez hubo 14 invadidos, muriendo 6 de los anteriormente atacados, dándose de alta a 16. En Carabaña acometió a 6, de los que fallecieron 5 y se curaron 8. En Loeches no se dio caso alguno ni se dio defunción; fueron dados de alta 2. En Chinchón se dieron 13 casos, muriendo 3, y 2 de los invadidos en días anteriores, y habiéndose curados. En Morata, de los 10 que fueron atacados no ha muerto ninguno; se curaron 3. En Perales de Tajuña invadió a 1, sin que ocurriese defunción alguna. En Tielmes lo fueron 2 y en Villaverde 1, habiendo muerto 3 de los atacados en días anteriores, y dándose de alta á 2.
El día 18 hubo en Madrid 39 invadidos del cólera-morbo, de los que han muerto 11, y 8 de los atacados en los días anteriores, habiéndose curado 9. En Aranjuez cayeron enfermos de aquel mal 8, falleciendo 1 de ellos y 8 de los que ya lo estaban, dándose a otros 8 de alta. En Loeches, de los 3 invadidos murió 1. En Carabaña hubo 4 atacados y murieron 3 de los que existían enfermos, habiéndose curado otros 3. En Perales de Tajuña fueron invadidos 8, de los que falleció 1 y otro de los que ya estaban enfermos. En Torrejón de Ardoz hubo tres invadidos, falleciendo 1 de ellos, y otro que lo estaba con anterioridad. En Villaverde, de los 12 que lo han sido murió 1, y otro de los anteriores, dándose de alta á 5. Y en Morata de Tajuña hubo 6 invadidos, de los que han fallecido 2.
EI día 20 hubo en Madrid 29 atacados, de los cuales fallecieron 10, resultaron airados 11, y murieron 7 de los contagiados anteriormente. En Aranjuez hubo 12 invadidos, 3 muertos y 6 curados; en Villalvilla 6 invadidos y 1 muerto; en Carabaña igual numero de atacados y victimas, y 4 curados; en Torrejón de Ardoz 8 atacados y 1 curado; en
Chinchón 7 invadidos, 1 muerto y 4 curados; en Morata de Tajuña 4 invadidos y 1 muerto; en Perales de Tajuña 6 invadidos y 3 muertos; en Villaverde 4 invadidos y 1 curado, y en Parla un solo atacado.
La presencia del cólera en este nuevo brote epidémico de 1855 en varios, pueblos situados en el entorno de la vega baja del Tajuña, tal como ya había sucedido en 1834, dio origen a curiosas y no demostradas teorías por parte de médicos anónimos sobre la incidencia de la enfermedad en pueblos como Morata, Perales de Tajuña, Tielmes, Carabaña o Chinchón. En El Clamor Público, un periódico editado en Madrid, se hacían eco de estas teorías:
Un facultativo joven, amigo nuestro y cuyo nombre no publicamos por no ofender a su modestia, nos ha suministrado datos, observaciones y noticias curiosas acerca de la epidemia reinante, que iremos publicando según nos lo permitan la abundancia de original y las condiciones sanitarias de la población.
Por ahora no pretendamos hablar de la causa de la enfermedad asiática, pues esa gloria queda para el doctor de las moscas coléricas, pero sí llamaremos la atención de nuestros lectores sobre la dirección constante y fija que está siguiendo la epidemia en esta provincia. Entre los muchos autores que han escrito acerca de los terrenos más predispuestos para el desarrollo del cólera, hay bastantes que fijan esta terrible propiedad en las riberas de los ríos y costas marítimas. En la provincia de Madrid se está observando que la epidemia sigue toda la orilla derecha del río Tajuña, desde su salida de la provincia de Guadalajara, sin separarse de la tortuosa corriente que describe el cauce del río. Empieza en Ambite y sigue a Orusco, Carabaña, Tielmes, Perales de Tajuña, Morata, Titulcia y Aranjuez, ascendiendo por el Jarama a Torrejón de Ardoz. Esta circunstancia apoya la opinión de los que aseguran que el cólera necesita para su mayor desarrollo un vehículo acuoso que dilatando el agente colérico, facilita su absorción por los que están sometidos a aquellas condiciones topográficas. Semejante manera de propagarse tiene analogía con el desarrollo de las intermitentes [fiebres] que se padecen en los lugares pantanosos.
Es cierto que en otros puntos de la provincia se ha presentado la epidemia, por los cuales no pasa ningún río, como en Chinchón, Valverde y algún otro, pero en casi todos los demás hay riachuelos más o menos caudalosos (…). (El Clamor Público, 20 de julio de 1855).

Mapa con las zonas de España más afectadas en la epidemia de cólera de 1855

Fallecidos en Morata y en la vega del Tajuña
A diferencia de la epidemia de 1834, no hemos localizado, caso de que existan, estadísticas globales sobre la mortandad que provocó la epidemia de cólera de 1855 en la provincia de Madrid en general y en el caso concreto de Morata. Sin embargo, sí que hemos podido reunir los datos sobre los vecinos de Morata invadidos, curados y fallecidos a partir de los partes sanitarios que emitía, a diario, el Gobierno Superior de la Provincia de Madrid con los datos que, obligatoriamente, estaban obligados a enviar los ayuntamientos de los distintos municipios afectados por la enfermedad. Naturalmente, estos partes pueden ser erróneos pero, a falta de estadísticas oficiales –que también podían contener errores más o menos interesados-, es la única fuente para cuantificar la incidencia de la epidemia de cólera en Morata.
Según estos datos publicados en la prensa madrileña de la época entre el 11 de mayo y el 31 de julio de 1855, en Morata habían contraído el cólera 74 vecinos de los que habían muerto 18:
Guarismos fatales. A continuación ponemos una nota de los invadidos y muertos del cólera-morbo en la provincia de Madrid, desde el día 11 de mayo último, en que por el gobierno empezaron a publicarse los partes, hasta el 31 de julio.
Madrid, 1.866 invadidos, 979 muertos
Aranjuez, 436 invadidos, 191 muertos
Chinchón, 219 invadidos, 60 muertos
Villarejo de Salvanés, 140 invadidos, 13 muertos
Orusco, 127 invadidos, 56 muertos
Perales de Tajuña, 95 invadidos, 38 muertos
Villaverde, 78 invadidos, 36 muertos
Morata de Tajuña, 74 invadidos 18 muertos
Carabaña, 61 invadidos, 32 muertos
Villalvilla, 54 invadidos, 20 muertos
Torrejón de Ardoz, 46 invadidos, 18 muertos
Belmonte, 43 invadidos, 7 muertos
Además ha habido algunos casos en Villaviciosa de Odón, Loeches, Titulcia, Algete, Ambite, Villaconejos, Manzanares el real, Valdemoro, Tielmes, Valdaracete, San Fernando, Estremera, Fuentidueña de Tajo y algún otro pueblo, que no hemos incluido en la estadística anterior por ser casi insignificante el número de invadidos o muertos. (Publicado en el periódico La España, 2 de agosto de 1855).
A partir de esta fecha, la suma de los afectados por el cólera desde el 1 de agosto hasta el 13 de septiembre, cuando se produjo en Morata el último fallecimiento debido a la enfermedad, se declararon 53 personas afectadas de las que fallecieron 26. En total, de acuerdo con estos datos oficiosos, fueron 127 vecinos los que contrajeron el cólera y 44 los fallecidos, en un año en que Morata contaba con 2.418 habitantes. Estas cifras son muy inferiores porcentualmente a las que se contabilizaron en el brote de 1834, cuando, recordemos fallecieron 119 vecinos de Morata de los 336 que resultaron infectados ese año.


Fuentes y bibliografía

  • La epidemia de cólera de 1834 en Madrid. Asistencia y represión a las clases populares-Vidal Galache, Florentina. Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, n.° 2, 1989, págs. 271-279. Madrid, 1989.
  • Biografía del Excmo. Sr. Mateo Seoane, por el doctor en Medicina Don Manuel Albistur. Escenas contemporáneas. Revista biográfica, y necrológica, científica, literaria y artística. Imprenta de Luis Beltrán. Madrid, 1862. Segunda edición.
  • La epidemia de cólera de 1834 en Madrid. Aspectos sanitarios y socioeconómicos. Puerto, F. Javier. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Estudios de Historia Social. 1980, nº 15, p. 9-61. Universidad Carlos III de Madrid-Repositorio institucional e-Archivo http://e-archivo.uc3m.es. Departamento de Economía-Artículos de Revistas, 1980-
  • El cólera epidémico. Consejos a los pueblos y los médicos para evitar esta enfermedad. Manuel Codorniu. Imprenta de Alejandro Gómez. Madrid, 1849.
  • Instrucciones generales sobre el modo de preservarse del cólera-morbo epidémico, con indicaciones acerca de su método curativo, por el doctor Mateo Seoane. Imprenta de D. M. Calero. Madrid, 1834
  • Epidemias de Cólera en Chinchón durante el siglo XIX. Panadero García, Raúl. Ayuntamiento de Chinchón. Año 2007. Premio de Historia.
  • La crónica de los hospitales. Periódico oficial de la Facultad de Medicina, Cirugía y farmacia del General de Madrid. Año Tercero-tomo III. Imprenta de Manuel de Rojas. Madrid
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.

miércoles, 14 de junio de 2017

Morata en tiempos del cólera (II)


Los remedios contra el cólera durante la epidemia

Poco sabemos de los remedios con que el doctor Seoane se enfrentó al cólera durante su estancia en Morata. Sí que consta que en junio de 1834 se había publicado el libro Instrucciones generales sobre el modo de preservarse del cólera-morbo epidémico, con indicaciones acerca de su método curativo del que era autor el propio doctor Seoane.
En este pequeño libro, Seoane hace hincapié en la necesidad de cuidar las condiciones de higiene de las viviendas y de las personas e indica que (…) sería muy útil poder habitar, al menos durante la epidemia, en las que estuviesen situadas en parajes secos, abiertos, bien ventilados y donde el número de personas no fuese considerable respecto a su extensión (…).
También se refiere a (…) evitar los sitios muy húmedos, o cuyo aire sea impuro, ya consista esta impureza en la falta de ventilación o ya en las emanaciones de las inmundicias de cualquier clase (…).
Respecto a la alimentación aconseja los alimentos de origen animal frente a los vegetales, el uso moderado del vino y evitar el consumo de leche, así como vigilar la pureza del agua, de la que afirma ser preferible la de las fuentes a la de pozos. También es contrario a los purgantes, tan habituales en esos años, y advierte sobre los efectos perniciosos de los medicamentos milagrosos en la salud de los enfermos de cólera.
El doctor Seoane también insiste en su libro en la necesidad de realizar una limpieza escrupulosa de las habitaciones donde estén los enfermos y evitar las visitas, con la excepción de médicos y cuidadores. Además, defiende la necesidad de desinfectar las estancias y las ropas con cloruro de cal.
El libro finaliza con una serie de cinco recetas, que suponemos serían las que aplicara, siempre que contara con los ingredientes necesarios, durante su estancia en Morata. A modo de ejemplo transcribimos la primera de estas recetas:
Se echa medio cuartillo de agua en dos vasos por mitades, y se pone en el uno medio escrúpulo de carbonato de sosa y en el otro seis de ácido tartárico, así que estén bien disueltos se mezcla el agua de los dos vasos que beberá el enfermo luego que principie a hacer espuma: se puede usar zumo de limón con un poco de azúcar en lugar de ácido tartárico (…).
Durante el curso de la epidemia, el prestigio del doctor Seoane y su presencia en Morata para tratar el cólera, fue utilizado como recurso publicitario por una farmacia que ofrecía la venta de los limones que aparecen en la receta que hemos transcrito.:
Los señores consumidores del ácido cítrico, o vulgarmente limón, que honran la botica de Oñez, calle de Hortaleza número 9, proveyéndose de él, tendrán entendido que hallarán el de segunda clase a 6 reales onza, y el de primera a 8, que es el precio a que hace años lo ha vendido, y que por estar interrumpidas las comunicaciones se ha visto obligado a subirlo hasta 12 reales onza; en la inteligencia que si el gobierno, algún pueblo, corporación o particular necesitase dicho ácido cítrico, se podrá facilitar aunque sea por quintales un auxilio tan necesario y eficacísimo para las enfermedades reinantes, como se sabe positivamente que el benemérito, ilustrado y apreciabilísimo profesor de Medicina D. Mateo Seoane, que impávido se prestó a luchar con la muerte en los pueblos de Vallecas y Morata, viéndose invadido en este último por el cólera fulminante, debió la conservación de su preciosa existencia, aunque quedando cojo, a una píldora que se tomó cada cinco minutos de polvos de Dewer y a 20 vasos de agua de limón frió que se bebió en pocas horas, teniendo la satisfacción de haberle oído decir que otros del mismo pueblo de Morata salvaron su vida tomando el mismo número de vasos de agua de limón fría, cuya cantidad creían ellos era indispensable. (Diario de Avisos de Madrid, lunes, 4 de agosto de 1834).
Desde luego, no faltaban los remedios más o menos eficientes que se ofrecían a la población como efectivos contra el cólera. Con posterioridad a la epidemia de 1834 y antes del siguiente brote generalizado de 1855, en los libros de medicina aparecían algunos de estos remedios:
Número 6. Tintura epispástica ó irritante.
Vinagre media libra.
Alcohol rectificado una libra.
Alcanfor una onza.
Pimienta negra pulverizada media onza.
Harina de mostaza una onza.
Ajos machacados media onza.
Cantáridas en polvo dracma y media.
Mézclense, para fricciones.
Publicado en el El cólera epidémico. Consejos a los pueblos y los médicos para evitar esta enfermedad, de Manuel Codorniu.
Fallecimientos por el cólera en Morata
Pese al empeño del doctor Seoane, la epidemia siguió su curso en el verano de 1834. Las medidas preventivas, sobre todo los cordones sanitarios que controlaban los desplazamientos entre pueblos y ciudades continuaban activados. No se podía viajar a Madrid –por el cordón establecido en Vallecas- pero tampoco a algunas villas vecinas: en el límite entre Morata y Chinchón, por ejemplo, también se estableció un cordón sanitario, lo que no impidió que en este municipio también se declararan casos de cólera.
Los periódicos seguían publicando los datos sobre el número de contagiados y fallecidos así como el de los enfermos que habían superado la enfermedad. La Revista Española incluía el 4 de agosto la siguiente información:
Madrid. En oficio de 29 del que rige dice el gobernador civil de esta provincia, que según parle dado el día anterior por el corregidor de Alcalá de Henares, se aumentaba allí el número de enfermos sospechosos, (…); que en Fuentidueña de Tajo no había ocurrido ningún caso de cólera desde el 21 al 27 del propio mes; antes por el contrario, se notaba mucha mejoría y solo un fallecimiento, atribuyendo esta novedad a la tormenta que en la tarde del 20 descargó sobre aquel pueblo, causando mucho daño a sus sembrados, acompaña así mismo el siguiente parte sanitario de los pueblos que en él se citan.
En Chinchón, el 27 de julio, existían 180 invadidos, 10 curados, 9 fallecidos.
En Morata, el 28 de julio 65 invadidos, 5 curados, 3 fallecidos.
En Vallecas el 28 y 29 de julio, 20 invadidos, 4 curados, 3 fallecidos.
(La Revista Española, 4 de agosto de 1834).
Unos días después, el 10 de agosto, el periódico El Vapor incluía nuevos datos de la enfermedad –en Morata contabilizaba 70, enfermos, 13 curados y 3 fallecidos- correspondientes al 29 de julio y una información, fechada el 30 de julio, que daba noticia de que el gobernador civil de Madrid había auxiliado con un facultativo al pueblo de Perales de Tajuña, que iba a quedar sin él por haberse contratado con otro pueblo el que allí había (…). Estos casos de abandono de sus obligaciones como médicos en algunas localidades no fue tan raro en esos meses y, frente a comportamientos casi heroicos, aparecían conductas reprochables de los profesionales de la sanidad (también se dio el caso de autoridades que abandonaron sus pueblos huyendo del cólera).
Afortunadamente, el curso de la enfermedad fue declinando según avanzaba el mes de agosto y el día 19 el gobernador civil emitió una nota sobre el estado sanitario de la provincia de Madrid y sobre Morata en particular:
Con fecha 15 del corriente dice su gobernador civil que en aquel mismo día se declaraba en estado de completa salud la villa de Morata, por haber desaparecido del todo la enfermedad que la afligía, de cuyo beneficio disfrutaba también la villa de Estremera.
Habrían de pasar pocos días desde que se emitió este parte para que las autoridades decretaran el final del cordón sanitario que afectaba a las comunicaciones de Morata con la capital del Reino: el día 24 de agosto se ponía fin a esta medida, que tanto había criticado el doctor Seoane por considerar que no mejoraba el control de la enfermedad:
Real orden de 24 de agosto mandando disolver todos los cordones sanitarios formados para impedir la propagación del cólera:
(…) Art. 1º Se disolverán todos los cordones establecidos con el objeto de impedir la propagación del cólera, y se restablecerán las comunicaciones interiores en toda la extensión que tenían antes de formarse aquellos.
Art. 2º Los Gobernadores civiles y Autoridades locales, tanto gubernativas como municipales, protegerán la libre comunicación de los pueblos entre sí, y evitarán las vejaciones que arbitrariamente se causan en algunos puntos a los viajeros, a pretexto de precauciones sanitarias (…)..
La eliminación de estos cordones sanitarios corroboraba, al menos, que la epidemia que había afectado a la villa desde el comienzo del verano ya remitía y que ahora llegaba el momento de contabilizar sus dramáticos efectos.
Según los datos publicados años después de que finalizara la epidemia en un libro obra de Manuel Codorniu, Aviso preventivo contra el cólera epidémico, se publicaron las cifras oficiales. Naturalmente, estas cifras, a falta de documentos más fiables y por el interés de las autoridades en disminuir la importancia de la epidemia, deben tomarse con precaución, pero son las siguientes referidas a Morata y los pueblos más cercanos:
Morata: 336 enfermos; 236 curados y 119 fallecidos.
Perales de Tajuña: 280 enfermos; 236 curados y 44 fallecidos.
Chinchón: 1.450 enfermos; 1.271 curados y 179 fallecidos.
Tielmes: 47 enfermos; 32 curados y 15 fallecidos.
Arganda: 820 enfermos; 505 curados y 315 fallecidos.
Madrid (ciudad): 1.142 enfermos; 959 curados y 183 fallecidos.
Según estas estadísticas, sorprende la virulencia del brote de cólera en Arganda que con 350 fallecidos se convirtió en la localidad madrileña con mayor número de víctimas de la epidemia de 1834. En el caso de Morata, con los 119 fallecidos, la enfermedad provocó la muerte, aproximadamente, del 5 % de los vecinos, una cifra que podemos considerar elevada y que, sin duda, afecto al pueblo en los meses y años siguientes.

Estadisticas oficiales de la epidemia de cólera del año 1834 
En lo que afectaba a los medios sanitarios, el Ayuntamiento convocó, semanas después de darse por superada la epidemia, una plaza de médico:
Se halla vacante el partido de médico titular de la villa de Morata de Tajuña distante de esta corte cinco leguas, su población de mas de 500 vecinos, dotado en reales anuales pagados por el ayuntamiento por reparto vecinal; advirtiendo que la misma corporación tiene hecho recurso al Sr. gobernador civil de la provincia, a que se la autorice para aumentarla hasta 603 ducados, que será la que disfrute el facultativo en caso de accederse a ello. (…). (Gaceta de Madrid, 25 de septiembre de 1834).
Unos meses después, también se convocó la plaza de cirujano:
Se halla vacante la plaza de cirujano titular de la villa de Morata de Ta juña, provincia de Madrid. La población asciende a más de 500 vecinos, y la dotación consiste en ¡30 rs.! anuales, el producto de barbas, asistencia a partos y otros casos; previniéndose que se ha hecho recurso al Sr. gobernador civil para que se sirva autorizar al ayuntamiento, a fin de aumentar el sueldo hasta 400 ducados, que será en este caso el que deberá disfrutar el agraciado (…). (Gaceta de Madrid, 5 de noviembre de 1834).
El Ayuntamiento parecía prepararse para futuras epidemias de cólera. La de 1834 dejó, como ya se ha señalado, 119 fallecidos en Morata y 2.819 en la provincia de Madrid.
Además de estas víctimas, la epidemia dejó en la memoria de Madrid un curioso suceso relacionado con el cólera de 1834. Según cuentan, un vecino de Madrid, propietario de un carrousel de feria con el que recorría las verbenas, se contagió de cólera y los médicos le dieron por muerto. Cuando era llevado en andas al cementerio para su entierro, se levantó gritando desesperado: que estoy vivo, que estoy vivo. Ya recuperado, continúo con su trabajo en las ferias y, gracias al ingenio popular, dejó de ser el tío Esteban para pasar a ser el tiovivo. Hizo falta muy poco tiempo para que el nuevo apodo de Esteban Fernández, que ese era su nombre real, sirviera para denominar a sus caballitos a partir de entonces como el tiovivo. Y así, hasta ahora.


Fuentes y bibliografía

  • La epidemia de cólera de 1834 en Madrid. Asistencia y represión a las clases populares-Vidal Galache, Florentina. Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, n.° 2, 1989, págs. 271-279. Madrid, 1989.
  • Biografía del Excmo. Sr. Mateo Seoane, por el doctor en Medicina Don Manuel Albistur. Escenas contemporáneas. Revista biográfica, y necrológica, científica, literaria y artística. Imprenta de Luis Beltrán. Madrid, 1862. Segunda edición.
  • La epidemia de cólera de 1834 en Madrid. Aspectos sanitarios y socioeconómicos. Puerto, F. Javier. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Estudios de Historia Social. 1980, nº 15, p. 9-61. Universidad Carlos III de Madrid-Repositorio institucional e-Archivo http://e-archivo.uc3m.es. Departamento de Economía-Artículos de Revistas, 1980-
  • El cólera epidémico. Consejos a los pueblos y los médicos para evitar esta enfermedad. Manuel Codorniu. Imprenta de Alejandro Gómez. Madrid, 1849.
  • Instrucciones generales sobre el modo de preservarse del cólera-morbo epidémico, con indicaciones acerca de su método curativo, por el doctor Mateo Seoane. Imprenta de D. M. Calero. Madrid, 1834
  • Epidemias de Cólera en Chinchón durante el siglo XIX. Panadero García, Raúl. Ayuntamiento de Chinchón. Año 2007. Premio de Historia.
  • La crónica de los hospitales. Periódico oficial de la Facultad de Medicina, Cirugía y farmacia del General de Madrid. Año Tercero-tomo III. Imprenta de Manuel de Rojas. Madrid
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.

martes, 6 de junio de 2017

Morata en los tiempos del cólera (I)


Oír hablar del cólera nos puede parecer extemporáneo pero, todavía hoy, es una enfermedad que azota periódicamente a los países subdesarrollados. En el siglo XIX España padeció numerosos brotes epidémicos de cólera-morbo, una enfermedad a la que difícilmente se podía hacer frente con los limitados medios sanitarios de la época. Durante toda la centuria, la población asistió, prácticamente impotente, a las periódicas epidemias de cólera que se declararon en 1834, en 1855 y, el último pero no menos importante, en 1885. Hay constancia documental de que estas epidemias afectaron seriamente a los vecinos de Morata causando numerosos muertos entre ellos.

El cólera de 1834 en Morata y el doctor Seoane
Este primer brote de cólera epidémico, que afectó a todo el territorio nacional, ya había sido detectado en 1833 en la ciudad de Vigo. En el verano de ese año, Andalucía fue la región más afectada y tras una tregua invernal, la enfermedad llegó a la provincia de Madrid en el verano de 1834. En los primeros días del mes de julio -en medio de una complicada situación política provocada por la crisis dinástica, que enfrentaba a los partidarios de Isabel II con los de su tío el Infante D. Carlos en la primera de las guerras carlistas- se manifestaron los primeros casos en la capital. Pese al intento de restar importancia a la aparición de la enfermedad, la epidemia comenzó a manifestarse, al mismo tiempo que unos rumores falsos responsabilizaban a los frailes de haber envenenado las aguas de Madrid. La manipulación y la mentira provocaron, el 17 de julio, el asalto a algunos conventos y la matanza de frailes. 
 
Es justo el día 17 de julio cuando aparecen las primeras referencias a la enfermedad en Morata. El Eco del Comercio publicaba el día 21 una pequeña nota en la que daba cuenta de los casos de cólera declarados en algunas poblaciones de la provincia de Madrid. Según el diario, entre los días 16 y 18 de julio, en Arganda ya se contabilizaban 171 enfermos y 9 fallecidos; en Morata, 74 enfermos y 6 fallecidos y en Vallecas, 34 enfermos y 10 fallecidos.
Estos primeros fallecimientos en Morata no serían, desgraciadamente, los últimos que provocaría el cólera en la epidemia de 1834. En esos años, el censo de Morata, aunque las distintas fuentes difieren en las cifras, se situaba entre los 495 vecinos registrados en 1825 y los 673 que se contabilizaban en 1836, es decir, una cifra de habitantes entre 2.000 y 2.500. En la alcaldía estaba Gregorio Catalina Becerril, que debía hacer frente a una grave emergencia sanitaria con los escasos medios de esos años: recordemos que la asistencia médica estaba a cargo en las pequeñas poblaciones como Morata de uno o dos médicos, un barbero cirujano y los hospitales de caridad que, en el caso de Morata, atendían, con escasos medios, a los pobres de la villa y a los pobres transeúntes (Hospital de Vallejo y hospital de Antonio López). Son de imaginar las dificultades que esta escasez de medios significaban para las autoridades civiles y sanitarias de Morata y la situación de miedo y pánico entre la población. Sin embargo, por motivos que la documentación de la época consultada no nos permiten aclarar, Morata contó en aquellos trágicos meses de julio y agosto de 1834 con la asistencia sanitaria de uno de los mejores especialistas españoles, sino el mejor, en el tratamiento del cólera: el doctor Mateo Seoane. 
Publicación del doctor Seoane con indicaciones para combatir el cólera (1934)
 
Este médico, radical en sus ideas avanzadas, había participado en los movimientos liberales de la década de los año 20 del siglo XIX y en los años anteriores a la epidemia de 1834 se encontraba exiliado en Londres. Unos meses antes, cuando aún permanecía en la capital del Reino Unido, Seoane ya había sido requerido, a través del embajador y por indicación del conde de Alcudia, para que asesorase a las autoridades sanitarias españolas en el tratamiento del cólera que ya se había manifestado en algunas localidades costeras. Con esta petición, el doctor Seoane trabajó en numerosos informes sobre el tratamiento y las medidas para combatir a la enfermedad que se remitieron a España antes de que el especialista viajara a Madrid, donde se encontraba cuando se manifestaron los primeros casos de la epidemia.

Con la aparición de estos primeros casos en la entonces villa de Vallecas, Seoane, a instancias del conde de Altamira y marques de Morata, José María de Moscoso, fue enviado a esta población donde se estableció un cordón sanitario –medida de la que no era muy partidario el especialista en la epidemia-. Al parecer, el médico únicamente puso como condición para aceptar el encargo de las autoridades que si tengo la desgracia y gloria de perecer, espero que el Gobierno mirará por mi familia para que no sea una completa víctima de mi desprendimiento.

En Vallecas Mateo Seoane hizo frente a distintos infundios y rumores que indicaban que, junto con el boticario del pueblo, damos buenas medicinas a los ricos y malas a los pobres. Enfrentado también al militar responsable del cordón sanitario Seoane se desplazó a Morata en una fecha próxima a la aparición de los primeros enfermos en la villa.
En una biografía sobre el médico, publicada en 1849, se indica que el gobierno dio al Sr. Seoane la comisión de que pasara a los pueblos de aquel valle [del Jarama y el Tajuña], donde reinaba el mayor desorden, dándole las más amplias facultades para tomar cuantas medidas creyese convenientes a fin de establecer en ellos un servicio regular sanitario. (Desconocemos si la influencia del conde de Altamira tuvo algo que ver en la decisión de enviar a Mateo Seoane a Morata y Vallecas o si, por el contrario, esta comisión se realizó al entender las autoridades que estos pueblos eran los más afectados por la epidemia y, por tanto, los que más ayuda especializada necesitaban).

Aunque las autoridades civiles y sanitarias ya habían emitido un decreto de ámbito nacional para que se constituyeran las juntas locales de sanidad que estaban presididas por el alcalde de cada municipio y compuesta por un jefe militar, un eclesiástico, un concejal, un procurador síndico, un vocal de la junta de comercio o un comerciante, un hacendado y uno o más facultativos del arte de curar, -asi se realizó en el cercano ueblo de chinchón también muy afectado por la epidemia- es de suponer que al llegar a Morata el doctor Seoane se haría con el control de la situación y tomaría las decisiones que le dictaran sus investigaciones y conocimiento de la enfermedad y los mejores tratamientos para enfrentarse a ella.

Durante su estancia en Morata se confirmaron sus temores previos y resultó infectado por el cólera. Sobre el contagio del médico, el alcalde de Morata informaba al gobernador de la provincia de Madrid. De sus palabras, se deduce que en el pueblo no había otro médico encargado de atender a los enfermos:

Le acabo de ver, y después de muchísimos vómitos como si se hubiese ya muerto; y lo peor es que no hay facultativo ninguno que le vea, y solo el mismo, cuando vuelve en sí, se hace dar medicinas por el barbero que he puesto a su lado para que le cuide.
Aunque el cólera no le afectó tan gravemente como para provocarle la muerte, Mateo Seoane salió con graves secuelas de la enfermedad. Fue trasladado desde Morata a Vallecas y desde esta villa, definitivamente a Madrid. Una parálisis fue la consecuencia de su implicación con los vecinos de Morata y de la comarca. El gobierno, atendió a una de las condiciones que había puesto el doctor Seoane antes de ser enviado como comisionado Vallecas y a Morata y le concedió una pensión para recompensar sus esfuerzos en la lucha contra el cólera:

El gobernador civil de esa provincia hizo presente a S. M. la Reina gobernadora los extraordinarios servicios prestados por el profesor de medicina doctor D. Mateo Seoane en beneficio de varios pueblos de aquella en los cuales se padeció el cólera; servicios tanto más recomendables, cuanto que habiendo volcado este facultativo a la primera indicación del gobierno a asistir a los enfermos en Vallecas, Morata y otras poblaciones, y contraído en su comisión dicha enfermedad, estando a las puertas de la muerte, ninguna recompensa, ni aún ayuda de costa se le ha dado, llegando su desprendimiento hasta el punto de no haberla tampoco solicitado.

Fuentes y bibliografía

  • La epidemia de cólera de 1834 en Madrid. Asistencia y represión a las clases populares-Vidal Galache, Florentina. Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, n.° 2, 1989, págs. 271-279. Madrid, 1989.
  • Biografía del Excmo. Sr. Mateo Seoane, por el doctor en Medicina Don Manuel Albistur. Escenas contemporáneas. Revista biográfica, y necrológica, científica, literaria y artística. Imprenta de Luis Beltrán. Madrid, 1862. Segunda edición.
  • La epidemia de cólera de 1834 en Madrid. Aspectos sanitarios y socioeconómicos. Puerto, F. Javier. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Estudios de Historia Social. 1980, nº 15, p. 9-61. Universidad Carlos III de Madrid-Repositorio institucional e-Archivo http://e-archivo.uc3m.es. Departamento de Economía-Artículos de Revistas, 1980-
  • El cólera epidémico. Consejos a los pueblos y los médicos para evitar esta enfermedad. Manuel Codorniu. Imprenta de Alejandro Gómez. Madrid, 1849.
  • Instrucciones generales sobre el modo de preservarse del cólera-morbo epidémico, con indicaciones acerca de su método curativo, por el doctor Mateo Seoane. Imprenta de D. M. Calero. Madrid, 1834
  • Epidemias de Cólera en Chinchón durante el siglo XIX. Panadero García, Raúl. Ayuntamiento de Chinchón. Año 2007. Premio de Historia.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.


miércoles, 31 de mayo de 2017

La desamortización en Morata-Epílogo (XV)


La desamortización en Morata-Epílogo (XV)

Durante las últimas semanas hemos analizado cómo se aplicaron en Morata las leyes desamortizadoras. En conjunto, la desamortización o, mejor dicho, las desamortizaciones del siglo XIX, se convirtieron en un complejo proceso de venta de los llamados bienes de manos muertas, es decir, aquellos bienes que pertenecían bien al patrimonio de las instituciones religiosas o, también, los adscritos a los concejos españoles, en este caso al Ayuntamiento de Morata.
Motivos sociales, políticos, religiosos y, por supuesto, económicos marcaron y definieron estas desamortizaciones durante un periodo extremadamente largo en el tiempo, que abarca casi todo el siglo XIX –con antecedentes incluso en el siglo XVIII, en el que se iniciaron las ventas de los bienes de la Compañía de Jesús-, y que generó una amplia, y a veces contradictoria, legislación (no menos de 52 textos legales entre 198 y 1875).
La aplicación de este corpus legislativo permitió a la monarquía, al Estado, afrontar las dificultades presupuestarias, siempre presentes en una centuria en la que los españoles debieron afrontar las crisis provocadas por la guerra de la Independencia, el conflicto dinástico y las sucesivas guerras carlistas y, al menos, dos grandes epidemias de cólera. La burguesía, como hemos visto en las anteriores entregas del blog, fue la principal beneficiaria de la salida al mercado del ingente patrimonio inmobiliario que se subastó en todo el territorio nacional y que afectó a bienes de carácter urbano y rústico. En Morata, sn embargo, fueron sobre todo tierras de labor y otras fincas de menor calidad para el cultivo las que se desamortizaron. De hecho, la octava parte del molino de arriba, que pertenecía a los bienes de propios del Ayuntamiento, y la casa de labor de los frailes dominicos del Rosario (que incluía bodegas, lagares y un molino de aceite) fueron los únicos edificios de carácter urbano que se desamortizaron en Morata.
Desamortización de bienes de la Iglesia
Cronológicamente fueron las subastas y adjudicaciones de los bienes adscritos a las instituciones religiosas asentadas en Morata las que dieron comienzo a las desamortizaciones en nuestro pueblo. Se trataba de las propiedades de decenas de congregaciones religiosas, obras pías, capellanías y, por supuesto, la parroquia de la villa las que salieron al mercado desde comienzos de siglo hasta bien entrada la centuria, cuando se promulgó la Ley Madoz.
En total, alrededor de 1.256 fanegas de tierras de labor, distribuidas en 520 fanegas en la vega (entre tierras de cultivo, alamedas y viñas de riego), a las que hay que sumar 211 fanegas de tierras de secano, unas 200 fanegas de viñas y no menos de 300 fanegas de olivares cambiaron de dueño con la desamortización.
Este patrimonio suponía, aproximadamente, el 10% de las tierras de labor, tanto de secano como de regadío del término municipal de Morata, y era cultivado en régimen de arrendamiento por los vecinos, excepto en el caso destacado de los conventos de dominicos del Rosario y de Santo Tomás (con casa madre en Arganda), que era explotado directamente por estas dos congregaciones religiosas.
La escasa documentación a la que hemos tenido acceso dificulta hacer un seguimiento exhaustivo de los compradores de estas fincas de la Iglesia. En el caso de algunas de ellas, sí que está documentado que fueron adquiridas en subasta por los arrendatarios. También consta que un vecino de Madrid, Ramón González Robles, adquirió en las subastas bienes de los dominicos del Rosario y de Santo Tomás y, sobre todo, también está acreditado que Manuel Angulo, igualmente vecino de Madrid, adquirió, al menos la casa de labor de los dominicos donde años más tarde se construiría el edificio de la familia Mac Crohon.


Desamortización de bienes de propios
A diferencia de los bienes eclesiásticos desamortizados, la documentación generada a partir de la ley Madoz nos ha permitido conocer más detalles de la subasta y venta del patrimonio perteneciente a los bienes de propios del Ayuntamiento de Morata.
Estos terrenos de titularidad concejil sumaban en superficie más que los bienes de la iglesia: alrededor de 1.960 fanegas, pero con una particularidad: a diferencia de las fincas de las instituciones religiosas adjudicadas en subasta (todas ellas tierras de cultivo de calidad, en las que se incluían parcelas de riego, viñas y olivares), un elevado porcentaje de los bienes de propios desamortizados correspondía a cerros incultos –sólo útiles para el pastoreo- y unas pocas tierras de labor de secano y olivares y, por supuesto, la dehesa carnicera, más valorada no sólo por sus pastos sino también por la existencia de manantiales, leñas y espartos que aumentaban su valor, tal como se demostró en su precio de adjudicación final.
La escasa calidad de las tierras del concejo de Morata no impidió que varios vecinos de Madrid, pertenecientes a la creciente y pujante burguesía urbana, acudieran a las subastas de estas fincas del término de Morata. En su momento ya citamos a Máximo García Carralero, Manuel de la Riva, Joaquin Marrací y Eladio Bernáldez como los adjudicatarios de grandes extensiones de cerros en Morata y, en el caso de los dos últimos, de la dehesa carnicera. Cierto es que algunos vecinos de Morata, agricultores la mayoría de ellos, también se adjudicaron algunos de estos bienes de propios, pero siempre en un porcentaje muy reducido. Además, la documentación también demuestra que los arrendatarios de las pocas tierras de cultivo incluidas entre los bienes de propios no se pudieron hacer con la propiedad de estas fincas, que en su mayor parte fueron adquiridas en subasta por Manuel de la Riva.
Conclusiónes
En definitiva, las desamortizaciones del siglo XIX significaron para Morata que una extensa porción del término municipal, entre tierras cultivables de secano y de regadío, cerros y dehesas cambiaran de propietario. En total, más de 3.000 fanegas, (3.220, aunque hay que tener en cuenta que las de vega son de menor extensión que las de secano) fueron subastadas y adjudicadas desde comienzos del siglo XIX hasta la década de los setenta de la centuria.
En su mayor parte, estas fincas pasaron a propiedad de personas ajenas a Morata que, en muchos casos, sólo pretendían especular con los tierras adquiridas, con lo que, de hecho, perjudicaron a los vecinos, que en muchos casos las cultivaban en arriendo y que en muy contadas ocasiones pudieron acudir a las subastas para hacerse con la adjudicación de los bienes enajenados.
En realidad, nada distinto a lo que sucedió, con distintos matices, en el resto del país: quienes tenían medios económicos para acudir a las subastas, aprovecharon el momento para convertirse en pequeños o grandes terratenientes; por el contrario, los agricultores que cultivaban las tierras se vieron excluidos y difícilmente pudieron competir con los nuevos propietarios. Por último, la desamortización significó, en el caso del concejo de Morata, la pérdida de un gran extensión de terreno, cierto que de escasa calidad para el cultivo pero que incluía la dehesa perteneciente al patrimonio común de los morateños desde el siglo XVI. A cambió de estas ventas de patrimonio público, el Ayuntamiento, los vecinos, recibieron títulos de deuda pública, devaluada por la que, por ejemplo, en 1893 recibieron de intereses algo menos de 2.000 pesetas por las 1.960 fanegas desamortizadas, la octava parte del molino harinero y los bienes de los dos hospitales de pobres (Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, 27 de enero de 1893). Mal negocio para el Ayuntamiento: sólo el arriendo anual del esparto de la dehesa carnicera superaba con creces estos menguados ingresos por la venta de tan importante patrimonio.
Fuentes y bibliografía:


  • Madrid en la Sociedad del Siglo XIX. (Vol 1) La ciudad y su entorno. Madrid, centro de poder político poder económico y elites locales. Edición a cargo de Luis E. Otero Carvajal y Ángel Bahamonde. Revista Alfoz. Consejería de Educación-Secretaría General Técnica. Servicio de Publicaciones. Madrid, 1986.
  • La desamortización de Madoz en Madrid. Capital y Provincia (1855-1894). Memoria para optar al grado de doctor presentada por Vicente Moreno Ballesteros. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia. Madrid, 2015.
  • Archivo Histórico Provincial de Toledo. Sección Hacienda. Catastro de Ensenada. Libros maestros y respuestas generales. Bienes de Eclesiásticos. H 408 y  H. 410.
  • Publicaciones y periódicos citados en el texto.
  • Ley de desamortización de Pascual Madoz de 1 de mayo de 1855
  • Boletín Oficial de Venta de Bienes Nacionales de la Provincia de Madrid.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Los compradores de bienes en Morata. La desamortización en Morata (XIV)


Los compradores de los bienes desamortizados en Morata

En las anteriores entregas del blog hemos analizado cómo se desamortizaron los distintos bienes de la Iglesia y del concejo de Morata desde que se promulgaron las primeras leyes desamortizadoras a comienzos del siglo XIX. Es el momento ahora de ver quiénes acudieron a las distintas subastas que se convocaron para convertirse en los nuevos propietarios de los llamados bienes de manos muertas.
En el caso de la desamortización de los bienes de la Iglesia, desconocemos quién o quiénes adquirieron este patrimonio debido a las carencias documentales del proceso. No obstante, sí que se puede acreditar que Manuel Angulo -quien en la segunda década del siglo XIX compró el molino perteneciente al conde de Altamira y que a partir de entonces llevaría su nombre- fue también quien se hizo con la propiedad de la casa de labor de los frailes dominicos, en la que posteriormente se edificaría la casa Mac Crohon. Hay que recordar que esta orden religiosa de los dominicos fue titular en Morata de un patrimonio muy extenso de tierras de labor que en su momento fueron desamortizadas como el resto de las propiedades adscritas a instituciones religiosas.
A diferencia de los bienes de la Iglesia desamortizados, en el caso de los bienes pertenecientes al concejo de Morata sí que se conocen casi todos los compradores que acudieron a las subastas y se hicieron dueños de las fincas subastadas por la aplicación de la Ley Madoz, como veremos a en las líneas siguientes
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Una de las críticas más frecuentes sobre las distintas desamortizaciones del siglo XIX es la que hace referencia al acaparamiento de fincas rústicas y urbanas en manos de unos pocos propietarios que tuvo lugar en todo el territorio nacional. Este proceso fue perjudicial, en la mayor parte de las ocasiones, para los vecinos agricultores que durante décadas habían sido los arrendatarios de estas parcelas pertenecientes a las instituciones de la iglesia o, también, las adscritas a los bienes de propios que pertenecían al patrimonio de los municipios.
Luis E. Otero Carvajal y Ángel Bahamonde, en su trabajo sobre Madrid en la sociedad del siglo XIX (vol 1), se refieren a esta circunstancia que marcó el proceso desamortizador en la provincia de Madrid en general y que es aplicable a Morata en particular. Cierto es que, a diferencia de la ciudad de Madrid, en Morata prácticamente la totalidad de los bienes enajenados con la desamortización de Madoz eran fincas rústicas y sólo se registró la venta de un único edificio urbano, el molino de Arriba –hoy conocido como el molino hundido- cuya octava parte era propiedad del concejo y que ya hemos comentado que fue adquirido por Joaquín Marrací, también comprador en primera instancia, de la dehesa carnicera.
Citan estos autores a tres grandes grupos de compradores que acudieron a las subastas convocadas en aplicación de la Ley Madoz: los miembros de la burguesía urbana de Madrid, los intermediarios que aprovecharon las desamortizaciones del siglo XIX para especular con los bienes adquiridos y, por último, los propios vecinos de los municipios donde se llevaron a cabo las enajenaciones de bienes.
Respecto al primer grupo Luis E. Otero y Ángel Bahamonde señalan que estos miembros de la burguesía aprovecharán el proceso desamortizador para incrementar considerablemente sus fortunas, a la sombra de la elevada rentabilidad que supone comprar propiedades con unos títulos de la Deuda Pública altamente devaluados aceptados por su valor nominal. (…) Sus compras se realizarán a todo lo largo y ancho de la provincia, aunque también aparecen como rematantes en otras provincias (…).
En el caso de Morata sí que es cierto que aparecen en la relación de compradores de bienes desamortizados algunos propietarios que no sólo adquirieron bienes en Morata sino que también acudieron a las subastas que se convocaron sobre fincas situadas en pueblos vecinos a Morata o también pertenecientes a la provincia de Madrid. Entre los que adquirieron mayor cantidad de fincas están los siguientes:

Máximo García Carralero
Máximo García Carralero, vecino de Madrid, acudió a las subastas del año 1860 de bienes de propios del Ayuntamiento y se convirtió en el mayor comprador de bienes desamortizados en Morata y adjudicatario de 539 fanegas, bien es cierto que la mayoría de ellas se corresponden con cerros y pastizales de escaso valor agrícola. En cualquier caso, este comprador puede ser el arquetipo de esos intermediarios que acudieron a las subastas en nombre de personajes interesados en las compras de bienes desamortizados. Carralero, de hecho, además de las fincas adquiridas en Morata también figura como adjudicatario de bienes de propios en las localidades vecinas de Chinchón, Belmonte de Tajo y Colmenar de Oreja; de un monte de más de 2.000 hectáreas en la localidad leonesa de Riosequino, y de una casa en Madrid, en la calle del Camino del Cura.

Eladio Bernáldez
Eladio Bernáldez, aparte de la adquisición en la subasta de 1861 de la dehesa carnicera -que había sido adjudicada en la primera subasta a Joaquín Marrací como se analizó en entregas anteriores del blog-, también se hizo con la propiedad de 55 fincas rústicas en Chinchón, todas ellas pertenecientes a los bienes de propios de la localidad vecina. Perteneció a la Junta General de Compradores de Bienes Nacionales, asociación constituida para defender los intereses de los adjudicatarios de las subastas y además también fue miembro del consejo de la Caja de Ahorros de Madrid y diputado provincial. Vicente Moreno Ballesteros, autor de la tesis La desamortización de Madoz en Madrid: capital y provincia (1855-1894), señala en su trabajo que Eladio Bernáldez adquirió en total 6.233 fanegas rematadas en 268.868,75 pesetas. Además de las fincas de Morata y Chinchón, también se hizo propietario de bienes rústicos en Villaverde, Rivatejada y Ambite. Se trataría, por tanto, de uno de esos compradores que aprovechó las desamortizaciones para adquirir la condición de gran propietario y, a la vez, especular con los bienes adquiridos. En Morata, por ejemplo, no tardo mucho Eladio Bernáldez en poner a la venta la dehesa, como vimos en entregas anteriores.

Manuel de la Riva:
Vecino de Madrid que acudió a las subastas de bienes de propios de Morata y que adquirió varias parcelas, concretamente 19, con una extensión ligeramente superior a las 42 fanegas, todas ellas de secano y también todas arrendadas a vecinos de Morata en el momento de la subasta. De la Riva, socio fundador del Casino de Madrid, no sólo adquirió bienes en Morata en las subastas de 1861, también le fueron adjudicadas fincas rústicas en Colmenar de Oreja y una casa en Madrid.

En la imagen, el molino hundido, cuya octava parte era propiedad del Ayuntamiento de Morata
Joaquín Marrací
Otro vecino de Madrid con bienes adquiridos en Morata. Fue el primer comprador de la dehesa carnicera y quien tuvo que afrontar el proceso judicial que anuló la primera subasta y que desembocó en la adjudicación de la finca a Eladio Bernáldez. Tal como se apuntó en una entrada anterior del blog realizó mejoras en la dehesa y construyó la casa, por lo que tuvo que ser indemnizado en los años posteriores a la adjudicación definitiva de la finca. Estas inversiones realizadas al poco tiempo de adquirir la dehesa tal vez indican que, lejos del afán especulador de otros adjudicatarios de bienes desamortizados, Joaquín Marrací no buscaba el beneficio ni la rentabilización inmediata de su compra.
Además, Marrací también adquirió –como ya se ha indicado- la octava parte del molino harinero de Arriba, que pertenecía también a los propios de Morata. Este molino harinero, que funcionó hasta los primeros años del siglo XX –hoy desaparecido y conocido como el molino hundido-, se describía así en el catastro de Ensenada (siglo XVIII):
(...) le pertenece a esta villa la octava parte de un molino harinero sobre el río Tajuña en el término de esta villa que llaman de la Huerta del Vínculo de don Claudio Sanz y Torres, está arrendado todo el en sesenta fanegas de trigo cada año y que regula a esta villa por la octava parte ciento y cincuenta reales. De los bienes adscritos al patrimonio del concejo de Morata fue la única propiedad de carácter urbano que salió a subasta.
Joaquín Marrací pertenecía, como en los casos de Eladio Bernáldez y Manuel de la Riva, a la alta burguesía madrileña. Muy asiduo del ambiente cultural y literario de la capital, también se situaba en el entorno de la casa real –era gentilhombre en palacio- además de ocupar cargos como el de vocal de la Junta General de Agricultura, miembro del Cuerpo del Ministerio de Marina, vocal de la Junta Provincial y regidor –concejal- del ayuntamiento de Madrid.

Nicolás Segovia
En Morata adquirió 94 fanegas de tierras de distinta calidad distribuidas en 8 fincas situadas en los parajes de El Barranco del Infierno, Cañada de Castro, El Artesón y El Pedernal, pero también acudió a las subastas de bienes de los municipios de Valdelaguna, Villaconejos y Villarejo de Salvanés. Este comprador destacó también por sus adquisiciones en Estremera, 39 fincas, y en Chinchón, donde estaba avecindado como notario, y localidad en la que adquirió 14 fincas.


Compradores morateños de bienes de propios desamortizados
Aparte de los compradores citados, que sin duda, adquirieron en las subastas la mayor parte de las fanegas enajenadas, aunque no siempre las de mayor calidad, hubo otros adquirientes que están muy lejos de pertenecer al grupo de especuladores e intermediarios –y normalmente vecinos de la ciudad de Madrid- al que nos referíamos anteriormente. Vicente Moreno Ballesteros, en su trabajo La desamortización de Madoz en Madrid. Capital y Provincia (1855-1894) se refiere a algunos vecinos de Morata que pudieron hacerse con algunas de las subastas, siempre de fincas menos extensas pero, a la vez, de mayor calidad para el cultivo. Entre ellos podemos citar a Mariano Galeote, Miguel Heras, Eusebio Villalba, Gregorio Anguita, Hilario García, Ciriaco Zazo, Gervasio Montalbán, Gregorio González, Rafael y Francisco Mayor, Gregorio Heras, Dionisio Roldán, Tomás Casado Robles y Víctor Reyes. Entre todos todos estpos vecinos se hicieron con la propiedad de 45 fanegas y 8 celemines, una cifra muy reducida si la comparamos con la enorme extensión de tierras que se adjudicaron a propietarios que no eran naturales ni residentes en Morata.
Un caso particular entre los vecinos de Morata es el de Vicente Rodelgo –padre de Domingo Rodelgo, alcalde de Morata entre 1888 y 1891- que no sólo adquirió tres fincas, de alrededor de 268 fanegas de extensión, en los parajes de Miraflores, Peña del Agua y Valdepeñosillo, sino que también acudió a las subastas de Chinchón donde se convirtió en propietario de otras dos fincas.


Fuentes y bibliografía:
MADRID EN LA SOCIEDAD DEL SIGLO XIX
VOL. 1
  • Madrid en la Sociedad del Siglo XIX. (Vol 1)-La ciudad y su entorno. Madrid, centro de poder político poder económico y élites locales. Edición a cargo de Luis E. Otero Carvajal y Ángel Bahamonde. Revista Alfoz. Consejería de Educación-Secretaría General Técnica. Servicio de Publicaciones. Madrid, 1986.
  • La desamortización de Madoz en Madrid. Capital y Provincia (1855-1894). Memoria para optar al grado de doctor presentada por Vicente Moreno Ballesteros. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia. Madrid, 2015.
  • Publicaciones y periódicos citados en el texto.
  • Ley de desamortización de Pascual Madoz de 1 de mayo de 1855.
  • Boletín Oficial de Venta de Bienes Nacionales de la Provincia de Madrid.